VIDAS CALLEJERAS

El centro de Coyoacán se ha convertido en el segundo hogar de Bibiano García, quien crea obras de arte con sus manos en cuestión de minutos
Paola Ascencio
10/09/2014 - 04:10
En una de las silenciosas calles próximas al centro de Coyoacán, Bibiano Aguilar se sienta todos los días en un escalón para cantar al son de sus grillitos. De diferentes tamaños, con peculiares texturas y brillantes colores, estos bichos atrapan la mirada de los peatones. Y es que justo en ese lugar, en la calle Felipe Carrillo, este hombre les da vida a estos pequeños seres, sólo con sus manos.
 
Desde las 9:00 de la mañana, don Bibiano toma sus palmas de coco para tejer figuras con la forma de este insecto cantor. Después de tres minutos de maniobrar las hojas, como si fuera un acto de magia, los grillitos nacen y lucen sus antenas con esplendor, en las afueras del restaurante “El Quete”, local que lo ha acogido durante dos años bajo el umbral de su puerta.
 
Para Bibiano, cada uno de los pequeños seres que teje, guarda una parte de él. Y es que su gusto por estos animalitos surgió en su infancia. Dice que cuando era apenas un niño de seis años, jugaba con ellos en la milpa donde trabajaba; los colgaba en sus hombros, los tomaba y los aventaba. Ahora, este señor de 67 años que imita su canto para atraer clientela, asegura que tiene el alma de un grillito atrapada en el corazón. 
 
Con ayuda de sus uñas y de un pequeño cuchillo, corta, tuerce y los teje. Son ya casi 20 años desde que este hombre, originario de Aguililla, Michoacán, comenzó a venderlos en  las calles de la ciudad. Pero Coyoacán se ha vuelto su segundo hogar. Trabaja tejiendo todos los días, de lunes a lunes, excepto cuando se le acaba la palma y tiene que ir a su pueblo por ella. Hace ese largo viaje y  aprovecha para visitar a sus hijos.
 
Para este hombre, tejer sus grillitos es su pasión y su futuro. Y es que comenta que estas creaciones nacieron de su necesidad para tener algo de qué mantenerse en la vejez. Señala que el diseño es propio, único e infalsificable, pues a pesar de que han intentado copiárselos, fracasan porque los “pirata” se desbaratan con facilidad. 
 
Los de don Bibiano pierden su color verde vivo con el paso de los meses, pero asegura que nunca pierden su forma, y al tomar un tono café, los saltamontes durarán para toda la vida.
Por eso, don Bibiano seguirá dando vida a estos pequeños seres inmortales que atrapan  las miradas de aquellos transeúntes que caminen frente él.

 

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