ASESINOS SERIALES

Durante el 2002, John sembró el terror por las calles de Washington al disparar desde un vehículo al menos a 30 personas, asesinando a 10 e hiriendo de gravedad a un par más.
Ricardo Ham
08/05/2015 - 05:30
El viejo Chevrolet Caprice, color azul, se estacionó silencioso a unos metros de una tienda de conveniencia, no importaba la hora de su llegada sino cuanto tiempo esperaría inmóvil. Al volante del vehículo, se podía mirar a un hombre tosco de facciones y movimientos duros, pero el fornido conductor de pronto desaparecía misteriosamente.
Pero el Caprice del año 90, pasaba casi desapercibido, nadie le tomaba importancia por su apariencia de vieja unidad policíaca.
 
método. Aquel vehículo era una  trampa mortal. Agazapado dentro de la cajuela y aunque en una posición incómoda, el experimentado francotirador John Muhammad apuntaba con su rifle a las personas que caminaban por la calle.  Desde su escondite rodante,  el cazador accionó su potente arma  y terminó con la vida de 10 personas e hirió a dos más.El francotirador de Washington (como se le conoció después) no era más que un ex soldado en  que evidenció los errores del sofisticado cuerpo de perfiladores del FBI.
Como una extraña combinación entre un francotirador y un asesino en serie, John Allen, (quien adoptó el apellido Muhammad) pasó a la historia criminal por demostrar que las técnicas de los investigadoreses no son como se observa en los canales de televisión. 
 
Durante el 2002, John sembró el terror por las calles de Washington al disparar desde un vehículo al menos a 30 personas, asesinando a 10 e hiriendo de gravedad a un par más. Mientras los prestigiados agentes del FBI realizaban complicados perfiles que buscaban terroristas provenientes de Al Qaeda o  un asesino en serie blanco y solitario que disparaba desde una camioneta tipo Van, la realidad dejó por los suelos la estadística criminal sobre la que se basa la técnica de los perfiles criminales.
El verdugo era un hombre de raza negra, ex militar que junto a su hijo adoptivo,  Lee Boyd Malvo, pusieron en jaque a las autoridades estadounidenses que no sabían si pagar los 9 millones de dólares que exigían los asesinos o confiar en que se podrían detener a tiempo los ataques.
 
DELIRIOS. Aparentemente la misma confusión que imperaba en el FBI controlaba al francotirador, pereciera que no tenía un plan detallado y que el azar era quien  decidía los pasos a seguir.
 
Desde el fracaso amoroso y financiero de Muhammad, su vida dio un giro completo, nada fue igual que antes y la imaginación y personalidad del francotirador perdieron piso, su cambio de fe al islamismo coincidió con el comienzo de una serie de historias sobre grupos militares secretos y persecuciones de ladrones de explosivos, dentro de su locura, John aseguraba que el menor que lo acompañaba era un especialista en infiltrarse en grupos de adolescentes, incluso confesó a su hermana que ahora se dedicaba a la ayuda humanitaria de migrantes.
 
La mente de Muhammad buscó a gritos la atención del FBI, pero la agencia lo ignoró en múltiples ocasiones, pese a las cartas que les  dirigía y las docasiones en que fue detenido por infracciones menores de tránsito.
 
Tras la denuncia de un conductor de tráiler que indicó dónde y a qué hora encontrarían al francotirador, el FBI alistó a toda una unidad SWAT, camionetas, chalecos, armas de alto poder, helicópteros y varios agentes se dirigieron al punto para encontrar plácidamente dormidos al interior del Caprice a los sospechosos de los asesinatos, un nuevo ridículo de FBI.
 
Finalmente John Muhammad fue sentenciado por asesinato y terrorismo, fue ejecutado vía inyección letal el 9 de noviembre de 2009, sus cenizas le fueron entregadas a su familia.
 
TU REACCIÓN
¿QUÉ TE HA PROVOCADO ESTA NOTICIA?
0
QUE CHIDO
0
QUE PICANTE
0
QUE HORROR
0
ME IMPACTA

CONVERSACIONES EN FACEBOOK