BANQUETERA

Un local del mercado de Coyoacán deleita desde hace casi seis décadas a los comensales que han gozado de una gran variedad de sabores que coronan una base crujiente
Paola Ascencio
07/11/2014 - 03:00
Dentro del mercado de Coyoacán, el sonido de los dientes quebrando unas ricas tostadas sacude los pasillos. Pues con un festín de sabor, La Chaparrita ofrece desde hace ya casi 60 años unas crujientes tortillas fritas cubiertas con crema, queso y una gran variedad de guisos caseros.
 
Montañas de camarones en ceviche, mole con pollo y hasta champiñones adornados con rodajas de limón, rodean y decoran la delgada barra de concreto que separa al comensal del cocinero. 
 
Estas tostadas coloridas se han convertido en leyenda, no sólo por su atractivo aspecto, sino por su excelente sabor. 
Fundadas por doña Ernestina Hernández, este lugar fue bautizado con el sobrenombre de su dueña: La Chaparrita, y aquí se ofrecen  desde 1956 con el mismo sazón tradicional de Xochimilco con el que empezó.
 
 Ahora bajo el mando de su hijo Rafael Díaz Hernández, este local —que costó dos pesos—  se ha ganado la boca de quienes se detienen a morder éstas tostadas que escurren de sabor.
 
Tronando, crujiendo y resonando al  masticarlas, son completamente naturales. Cientos de clientes y turistas acuden diariamente para deleitar su paladar con estas tortillas salteadas en aceite con cebolla, cubiertas hábilmente con guacamole o frijoles refritos, y  bañadas con  guisos recién preparados. 
 
“Diario nos levantamos tempranito y preparamos cerca de mil tostadas, casi siempre se nos acaban. Además, todos nuestros guisados los preparamos en la casa, todos están frescos, recién hechos y sabrosos”, asegura Rafael, quien al obtener el local por herencia, lo ha hecho extenderse no sólo en tamaño, sino en sabor.
 
Su primera tostada fue la de pata, suavecita, rosadita y acompañada de guacamole, lechuga, crema y queso. Misma que La Chaparrita considera la mejor de su menú.
 
 Pero al día de hoy puedes escoger entre 19 guisos que permanecen en fila sobre la mesa, como en un trono que rinde homenaje a la cocina.  Pata, pollo, tinga, bistec, picadillo, mole, champiñones y cochinita reposan bajo la luz de su local. Mientras en la fila de abajo, el camarón bañado en salsa cátsup se hace compañía con el pulpo, la jaiba y el surimi, envidiando al pescado y al camarón encevichado. Todos, esperando a ser pedidos y devorados antes que el otro, excepto cuando piden la campechana, que junta los cinco guisados en una tostada.
 
Bien cargadas y bien servidas, puedes acompañar tus tostaditas de color desierto, con un oasis de salsas de sabores, pues con aderezos, habaneros o chiles curados, su rico y picosito sabor conquista hasta al estómago más melindroso.
 
 En La Chaparrita el servicio va completo. Y es que además de ofrecer sus deliciosos platillos, preparan a exigencia del cliente frías aguas naturales. Perfectas para quitar lo enchilado.

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