VIDAS CALLEJERAS

Don Samuel mantiene con vida un negocio que arrancó hace más de 80 años y que ya no es común en estos tiempos
Paola Ascencio
07/01/2015 - 04:00
¿De a cuánto el litro de petróleo?, le preguntan todos los días a Samuel Torres Almazán. Y es que este hombre firme de vocación, sigue manteniendo en pie el expendio de Petróleo que la familia de su esposa comenzó hace 80 años, en el barrio de Azcapotzalco. 
 
El negocio viene de generación en generación y Samuel asegura que él lo heredó. Pues los ciclos de la vida cierran y desgraciadamente —como dice él— es cuando unos se van que otros tienen que encargarse de los comercios que dejaron. A él le tocó, por eso desde 1968 su vida gira en torno a despachar petróleo. 
 
Despacha continuamente, uno, diez, quince o veinte litros que va sacando de su tambo de metal. Ya no tanto como antes, porque el precio subió a 20 pesos el litro y "la gente lo usa menos". También porque la gasolina es más barata, pero eso sí, añade que aunque su precio sea menor, la gasolina nunca podrá hacer todo lo que el petróleo hace y al contrario, su líquido de tonos azules y morados sí podría sustituirla.
 
Aún cuando la venta es baja, nunca pierde la oportunidad para vender —en pequeñas o grandes botellas de plástico— su líquido mágico que arregla y sirve para todo. Desde limpieza en baños, en talleres mecánicos, hasta para usos diversos en las tintorerías. “Pues a pesar de su fuerte olor amargo, el petróleo no es dañino y es hasta remedio personal. Uno se lo puede poner en las heridas, para bajar la inflamación de las anginas, y para la tos hasta se lo pueden tomar”.
 
Basta con una cuchara sopera con azúcar, le mezcla unas gotitas de petróleo a modo que se pueda tragar "Y va pa' atrás y mire santo remedio", menciona Samuel, quien afirma que a él  se lo dieron así de chiquito.
 
CONTRA LOS PIOJOS.  "Pero si el problema no está en la garganta sino en la cabeza, también funciona", dice su esposa. Porque "mejora el cabello y le quita los piojos". Por eso hay quienes recorren todo el país y llegan a este lugar. 
Viajan desde Tijuana, Toluca o Puebla para conseguir este fluido. Y es que Samuel menciona que las refinerías no lo venden al menudeo y para estas épocas en las que  existe el gas, los expendios desaparecieron de manera gradual en casi todo el territorio nacional.
 
De su pipa gigante nunca se ha quejado, pues se la dejaron en buen estado. Tanto como todos sus aditamentos de metal, que aunque tienen una utilidad, adornan el pequeño expendio de cinco metros de largo y uno de ancho que nació en los años treinta. 
 
Por eso, aunque viejo y poco convencional, su expendio de Petróleo se ha vuelto tradicional en el barrio de Azcapotzalco. Y junto a su esposa, seguirá despachando y despachando, sus botellas de plástico llenas de este líquido, que ya no se consigue en cualquier lado.
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