ASESINOS SERIALES: “El Matamendigos"

Es español primero se especializó en violar cadáveres y mujeres en el cementerio, luego asesinó a varios indigentes
06/11/2015 - 13:35

Francisco despertaba confundido, miraba alrededor sin reconocer dónde se encontraba, su mirada se topó con un cadáver carbonizado que le hizo regresar en el tiempo, de inmediato vinieron a su mente las horas previas en que el alcohol se terminaba y la desesperación llegaba, sintió humedad en sus rasposas manos, el tono rojizo trajo aún más recuerdos, en su mente se confundían los gritos de dolor y las risas de placer, la sangre que brotaba de los cuerpos acuchillados y las bolsas negras que escondían cabezas cercenadas. 

La mirada perdida se detuvo en las lápidas del cementerio, prácticamente creció ahí, parecía recordar la historia de cada una de las tumbas, había poseído sexualmente varios de esos rígidos cuerpos, entre imágenes borrosas rememoraba la muerte de sus 12 víctimas, el dolor producido por la tortura, el inolvidable sabor de la carne humana, múltiples aberraciones que para Francisco García Escalero, ‘El matamedigos’ de La Almudena, simplemente eran cosa de todos los días.

Durante seis años, los habitantes de Madrid aprendieron a vivir con miedo. De 1987 a 1993 más de una decena de asesinatos ocurrieron a los alrededores del panteón de La Almudena, mismo lugar donde se reportaban la violación del descanso eterno de varios cadáveres que eran encontrados fuera de sus tumbas con señas de haber sido atacados sexualmente.

Francisco García Escalero era recordado como un personaje introvertido, solitario y melancólico, apenas cursó los primeros grados de la educación primaria pues para él la vagancia era mucho más divertida que el salón de clases. A los catorce años fue aprehendido por primera ocasión por robo de automóvil, cumplió una condena de cinco años en el tutelar para menores pero al salir, inmediatamente violó a una joven en el interior del cementerio de La Almudena, esta ocasión la condena subió a 11 años. 

A la edad de 30 años, abandonó la prisión, con el cuerpo completamente tatuado y un diagnóstico de psicopatía. Francisco retomó la vagancia, una larga cadena de 11 homicidios, un secuestro y una acusación por abuso sexual.

Para esos días García Escalero consumía cerca de cinco litros diarios de alcohol y sustancias psicotrópicas, en marzo de 1988, tras una larga borrachera, Francisco acuchilló hasta la muerte a su compañero de juerga, le asestó 54 apuñaladas, le arrancó el cuero cabelludo, un año después atacó a otro indigente, le cortó la yugular, le seccionó el pene y lo colocó en la boca de la víctima. En julio de 1993, repitió la victimología pero esta vez golpeó con una piedra la cabeza del mendigo para posteriormente prender fuego al cuerpo del indigente.

Pero los homicidios comenzaban a atraer voces en la cabeza de Francisco, el 9 de septiembre de 1993 la esquizofrenía lo orilló a suicidarse, se lanzó desesperadamente a las ruedas de un automóvil consiguiendo sólo un par de fracturas en las piernas, en el hospital García Escalero confesó cada uno de sus 11 homicidios con lujo de detalles, sin embargo, el tribunal falló absolviendo de responsabilidad al acusado por enajenación mental y condenándolo al internamiento en el Centro Psiquiátrico Penintenciario de Fontcalent, en Alicante, España.

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