Mi admirado Kato Kung Lee

Fuimos tremendos rivales en el ring y grandes amigos fuera de él, así que ahora que está delicado de salud sabe que cuenta conmigo
El Hijo del Santo
06/05/2016 - 05:00

YO ERA UN NIÑO aún y Johnny debió haber tenido unos 24 años de edad cuando lo vi luchar por primera vez con su  singular estilo que me cautivó. Mezclaba las artes marciales con la lucha libre, lo cual era algo innovador y espectacular en los años 70. Luchaba con su nombre de pila y no usaba botas como todos los luchadores, únicamente sus clásicas zapatillas negras de artemarcialista.

Después se enmascaró bajo el nombre de Kato Kung Lee y  lo veía luchar en la arena México y en el Toreo de Cuatro Caminos, en las carteleras que encabezaba mi padre. En 1982 me lo topé en un vestidor jugando cartas con su eterno compañero y amigo  Kung Fu. Era la noche del sábado 6 de febrero de 1982, cuando hacía mi debut en la segunda lucha como Korak. Entonces, Kato y Kung Fu ya eran grandes estrellas y encabezaban aquella función.

Más adelante la vida me dio la oportunidad de formar una alianza en el ring con Kato Kung Lee y Kung Fu. Nos llevábamos muy bien, me apoyaban y me hacían reír mucho, pero ese compañerismo se terminó cuando Kato se convirtió en luchador rudo.

Entonces fue que entre los dos nació una fuerte y peligrosa rivalidad, a tal grado que apostamos nuestras máscaras el 28 de noviembre de 1986, en la ciudad de Tijuana. Esta fue, sin duda, una de las luchas de apuesta más difíciles de mi carrera profesional porque Kato estuvo muy cerca de desenmascararme. 

La rivalidad continuó y en 1993 nos encontramos en una gira por Japón que duró tres  semanas. Éramos los únicos que hablábamos español, así que nuestra rivalidad fue derrotada por la soledad que cada uno sentíamos al estar lejos de nuestras familias y entonces volvimos a recordar nuestros buenos tiempos como compañeros en el bando técnico. 

Bastaron esas tres semanas para conocer bien al verdadero Johnny Lezcano Smith, quien siempre estuvo pendiente de mí y apoyándome, ya que en las más de 15 luchas que sostuvimos jamás nos tocó enfrentarnos.

Siempre luchamos contra japoneses y norteamericanos que conformaban el grupo, así que Kato estaba muy alerta para ayudarme en caso necesario. Desayunábamos, comíamos y cenábamos juntos, íbamos de compras y éramos inseparables en los viajes por carretera. Al final de esa gira oriental le escribí una carta en la que le agradecía su apoyo y la amistad, carta que hasta la fecha él conserva.

El pasado lunes 2 de mayo visité en el hospital a mi querido amigo de origen panameño,  pero de corazón mexicano, Johnny o Kato, como ustedes quieran llamarle. 

Está muy delicado de salud,  pero no así de ánimo. El martes por la mañana lo intervinieron nuevamente; sin embargo,  la noche anterior que fui a verlo estaba de buen humor y muy optimista, a pesar de los fuertes dolores en sus piernas y de estar consciente de su gravedad. 

Recordamos algunos de los momentos divertidos y situaciones que vivimos juntos en las muchas giras que realizamos, como la que les compartí hoy en este espacio.

La vida da muchas vueltas, nos va enseñando a ver las virtudes de las personas y no sus  defectos. Así quiero ver a mi estimado Johnny: contento, optimista, bromista y lleno de fe. Y ahora que, junto con su familia, está pasando por momentos sumamente difíciles, sabe que cuenta conmigo siempre y que las rivalidades se quedan sólo en el cuadrilátero. Porque antes que otra cosa, somos seres humanos y compañeros. 

Nos leemos la próxima semana, para que hablemos sin máscaras.

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