PEDALEA HACIA LA LIBERTAD

Laura da clases de ciclismo para que las mujeres aprendan a gozar los viajes en bicicleta
Elizabeth Palacios
06/02/2015 - 22:21

Siempre he pensado que para ser felices debemos compartir las cosas buenas de la vida. Laura también sabe eso, así que cuando ella descubrió la sensación de libertad que el moverse en bicicleta por la ciudad le regalaba, sabía que tarde o temprano debía compartirla con otras personas.Laura Bustos vivía en Clavería, en la delegación Azcapotzalco, y a diario se movía en bicicleta al centro de la ciudad.

Dejó de sufrir aglomeraciones en el metro, dejó de padecer el tráfico en el encierro de un auto o un camión, redujo el tiempo de sus viajes y comenzó a percibir el lado humano de la ciudad. También se sintió vulnerable, eso es cierto. Se dio cuenta de lo difícil que es compartir el espacio público y a partir de allí su vida cambió.

Toda su vida comenzó a girar en torno de la bicicleta.

Ya no era sólo un medio de transporte, Laura comenzó a estudiar más sobre transporte y movilidad sustentable, trabajó en el sistema de bicicletas públicas de la ciudad y ahora trabaja para una marca de ciclismo.

Pero tenía un pendiente: compartir la felicidad que la libertad de moverse en bicicleta le daba. Y quería hacerlo, compartirla con otras mujeres.

Así nació la iniciativa ciudadana solidaria “Te enseño a andar en bici” que busca terminar con los miedos y prejuicios alrededor del ciclismo urbano, enseñando a las mujeres a trasladarse en forma segura.

Laura supo que su proyecto debía estar enfocado a las mujeres pues vencer los miedos es el primer paso para el empoderamiento, y ella también ha estudiado la movilidad y la relación con la ciudad desde una perspectiva de género.

Me cuenta que incluso varias de sus amigas cercanas le preguntaban si no tenía miedo, que eso de moverse todo el tiempo en bici era más “para hombres”. Así fue que comenzó a investigar y, en efecto, incluso existen muchas mujeres que no aprendieron a andar en bicicleta en la infancia, como consecuencia de una cultura que estereotipa a las niñas como seres frágiles que no deben realizar ciertas actividades.

Entonces fue que se decidió. No se trataba de crear otro grupo de ciclistas urbanos para rodar juntos, sino de ayudar a aquellas mujeres que no sabían andar en bicicleta a vencer sus miedos y, con ello, apropiarse de lo que les pertenece por derecho: las calles de su ciudad.

Según un estudio realizado por el Instituto de Políticas para el Transporte y el Desarrollo (ITDP por sus siglas en inglés) en 2012, al menos 80% de los ciclistas en la Ciudad de México son hombres. Muchas mujeres capitalinas crecieron creyendo que montar una bicicleta es una actividad masculina, y muchos padres insisten en que es demasiado peligroso para las mujeres que viajan.

La iniciativa es cien por ciento ciudadana, las bicicletas con las que Laura enseña fueron compradas gracias a un fondo que obtuvo con donativos voluntarios. Bastó con 25 mil pesos para poder comprar las bicis y arrancar con las clases.

Las personas que apoyan a Laura a enseñar son voluntarias, las clases son completamente gratuitas y se imparten los domingos.

Enseñan desde cero a quienes nunca han montado una bici, pero también a quienes sólo lo hacen los domingos en Reforma o en parques les enseñan a andar de forma segura. A ciclistas más experimentadas puede enseñarles educación vial y a trazar rutas seguras, a fin de evitar accidentes fatales.

Y creo que lo que Laura me platica, mientras estamos sentadas en la banca de un parque, se resume en lo que Fabiola, una chica que aprendió a andar en bici escribe en la página de Facebook de este proyecto: “Me quedó muy grabado algo que me dijo Laura cuando recién la conocí, hay dos tipos de ciclistas: los que se cayeron y los que se van a caer. Cada vez que salía a rodar tenía esa frase en la cabeza, con muchísimo estrés y cuidado porque no sabía cuándo llegaría ese momento. Ahora tengo una hermosa cicatriz en la rodilla derecha, y la certeza de que el momento que tanto temía ya pasó, porque a fin de cuentas, todo en la vida pasa, y lo único que nos queda es vivir intensamente lo que estamos viviendo hoy, así sea esa misma caída”.

“Queremos compartir con otras mujeres la libertad que nos da movernos en bici. Que nadie nos diga que no podemos ni que somos frágiles”

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