ASESINOS SERIALES

Henry Lee recorría las carreteras de Estados Unidos para saciar la sed de sangre que lo convirtió en uno de los homicidas más temibles de la Unión Americana
Ricardo Ham
06/02/2015 - 04:30
Como un animal de presa, Henry conducía su viejo y lastimado automóvil, la noche siempre lo acompañaba y protegía en sus andanzas, a pesar de su desarticulado aspecto, el auto era capaz de devorar kilómetros, las carreteras parecían no acabar nunca, nadie sabía lo que en ellas podía pasar, lo que Henry podría encontrar.
 
De pronto sus ojos  se abrieron de más, por fin miraba lo que llevaba horas buscando; debajo de una farola, una joven mujer pedía un ‘aventón’ que la subiera a su automóvil para facilitarle el largo viaje. Henry detuvo la marcha, su amigable y cansada apariencia no lo hacían parecer peligroso, la despreocupada  joven decidió continuar. 
 
Tan solo un kilómetro adelante Henry cambió el rumbo, su corazón latía más fuerte y el sudor goteaba de su frente. 
Las señales eran muy visibles, la joven acompañante detectó el peligro, pero era muy tarde, trató de encontrar la inexistente manija para abrir la puerta del auto, desesperada miró al asiento trasero como buscando una salida, pero solo encontró una sábana sucia que apenas  cubría el cuerpo mutilado de una mujer. 
 
De esa forma, ella entendió que subir a ese automóvil  fue la última de sus malas decisiones y que había caído en la trampa de Henry Lee Lucas, uno de los asesinos seriales más salvajes en toda la historia de los Estados Unidos. 
 
El asesino en serie norteamericano se caracteriza por recorrer largas carreteras en su auto en busca de víctimas, uno de los casos más representativos es el de Henry Lee Lucas, personaje que por sí mismo encarna la peor de las pesadillas del ciudadano norteamericano. 
 
 Hijo de una prostituta y un lisiado, Henry tuvo que soportar una infancia llena de odio y violencia, su madre lo obligaba a mirar los encuentros sexuales que sostenía cada noche con sus clientes, lo mandaba a la escuela vestido con ropa de niña y lo golpeaba frente a sus seis hermanos, en una ocasión fue tan fuerte la golpiza que le arrancó el ojo izquierdo.
 
 Pero el infortunio no terminó ahí para Lee Lucas, fue testigo de la extraña muerte  de su padre; sus primeras experiencias sexuales fueron con animales a los que luego mataba, relacionando así la muerte con el placer y el sexo.
 
confesión. Tras ser apresado por el asesinato de una anciana en Texas, Henry Lee Lucas se ganó a pulso el mote de ‘lengua suelta’ al iniciar la crónica detallada de cientos de homicidios por toda Norteamérica, incluso de vez en cuando cruzó la frontera con México para buscar víctimas, raptar y vender niños e  incluso se especula sobre su estancia en el mítico Rancho Santa Elena, propiedad de los Narcosatánicos.
 
Los macabros relatos de Henry lo llevaron al estrellato, según él cometió más de 900 asesinatos, pero la precisión de las primeras declaraciones se fue perdiendo en las últimas. Después comenzó a contradecirse e incluso aseguraba haber cometido homicidios en diferentes lugares al mismo tiempo.
 
Al paso de los años, ni la silla eléctrica ni la inyección letal fueron el destino de Lucas, la intervención siempre oportuna del entonces gobernador Bush Jr. lo liberó del fatídico final.  Fue hasta que su corazón se cansó de latir cuando la vida le cobró factura, en marzo de 2001 Henry Lee Lucas dejó de respirar y se llevó la verdadera cifra de víctimas en su conciencia.  

 

TU REACCIÓN
¿QUÉ TE HA PROVOCADO ESTA NOTICIA?
0
QUE CHIDO
0
QUE PICANTE
0
QUE HORROR
0
ME IMPACTA

CONVERSACIONES EN FACEBOOK