VIDAS CALLEJERAS

A Pedro le enseñaron a ir contra el viento desde que era niño, así aprendió también a darle rumbo a su vida
Tanya Guerrero
02/07/2014 - 05:00
A ir en contra del viento, eso le enseñaron a Pedro Sánchez desde muy chico. Remar “sesgado” para cortar el aire, es lo que su papá le dijo cuando lo preparó para embarcar. 
 
Por la trajinera de Pedro el tiempo pasa lento. Como si fuera ayer, se sienta en la madera roja para recordar el primer día que tuvo un remo entre las manos. Ocho años y ya quería aprender las mañas para poder remar. “Tenía miedo de caer al agua, me preguntaba ¿sí podré? ¿voy a chocar? Del embarcadero a la casa me enseñaban, pero ya sabes la inquietud de uno cuando es chico”.
 
Navegar no es tan distinto a vivir, necesitas darle dirección correcta a la chalupa y nunca perder de vista a dónde se quiere llegar. Pedro se ríe y acepta que meter el madero de cinco metros a un canal lleno de ramajes tiene su chiste. 
 
El hombre con legado de navegante reconoce su fortuna al ser iniciado por su papá en el arte de rebasar sin chocar con otras canoas y orillarse con éxito al pie de chinampa, para evitar que las gringas caigan al agua. Este, el lugar donde desde hace 22 años trabaja, es conocido, junto con el Embarcadero de Nativitas, como un lustroso imán para el turismo extranjero. Y Pedro lo sabe.
 
“Vivir es increíble” y “Felicidades, Xochimilco” es la forma en la que la trajinera —donde este hombre de 40 años pasa la mayor parte de su día— se congratula con este oficio tapizado del folklore mexicano. 
 
Pedro platica que los canales del Embarcadero de Cuemanco son como “una ciudad pequeña”, donde 184 kilómetros de callejones, avenidas principales y apancles deben ser bien conocidos para no perderse.
 
Él se ha esforzado en conocer a profundidad cada uno de los rincones acuáticos que su remo ha tocado. En este mundo, en el que los patos y pelícanos son protegidos por los lugareños para no ser comidos por perros, viven 435 especies de aves migratorias, endémicas, fauna acuática y forestal. Eso es lo que Pedro le platica a la gente que aborda la chalupa de a 350 pesos la hora. Esa misma que con el tiempo será el legado para su próxima generación.

 

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