El tesoro que llegó a Tepoztlán

Con el fin de que cada vez haya más lectores, Pedro utilizó su acervo personal para montar una biblioteca pública
Elizabeth Palacios
01/09/2014 - 23:38

Cuando tenía seis años comenzó a leer. No eran las grandes novelas las que atrapaban sus ojos, sino las historietas que, después de leerlas, rentaba a otros niños afuera del Mercado Independencia, en Los Mochis, Sinaloa. 

Ese fue el primero de muchos trabajos que tuvo. Su familia era pobre. Sus padres, comerciantes, y sus ocho hermanos, al igual que él, tuvieron que combinar siempre los estudios con alguna actividad que les permitiera llevar algo de dinero a casa.

Hoy Pedro tiene 54 años, una licenciatura en derecho, una maestría y dos doctorados, uno de ellos hecho en España. El conocimiento ha sido su tesoro y en su vida como estudiante, profesor universitario, profesionista especializado en derecho administrativo y padre de familia, ha acumulado un acervo bibliográfico que llegó a superar los 30 mil ejemplares.

Cuando tenía 15 años dejó su pueblo natal para perseguir un sueño en la ciudad de México. Quería ingresar a la Escuela Nacional de Educación Física, que por esos años recién se había convertido en Escuela Superior. Ello lo obligó a estudiar el bachillerato y así, ingresó al Colegio de Ciencias y Humanidades de la UNAM, en el plantel Vallejo.

La vida universitaria y su pasión por la lectura lo alejaron del deporte y lo llevaron a la Facultad de Derecho. 

Compraba los libros, no porque le sobrara el dinero, ni porque no amara pasar tiempo en las bibliotecas públicas, sino porque el trabajo lo obligaba a tener horarios poco usuales para estudiar. Hasta la fecha conserva el hábito de despertar a las 5 am para leer al menos una hora diaria.

Pedro López Elías hace 12 años que tiene un despacho especializado en derecho administrativo. Sus principales clientes pertenecen a la industria de la construcción y él los asesora en materia de licitaciones públicas, pero este abogado tiene un vicio y ha decidido compartirlo con mucha gente.

Se declara abiertamente bibliófilo. Ha llegado a conseguir ejemplares de libros antiguos únicos en México y hoy, casi mil 500 de esos libros raros forman parte del fondo reservado de lo que era un sueño y se ha materializado.

Ayer abrió sus puertas al público en el estado de Morelos, el Centro Cultural Pedro López Elías.

Su principal objetivo es brindar acceso en forma gratuita a todo aquel que quiera leer alguno de los más de 40 mil ejemplares que integran la colección privada del doctor Pedro.

Cuando le pregunto la razón de semejante acto de generosidad, la respuesta suena simple: “porque ya no cabían en mi casa”, pero en el fondo hay más. 

Pedro López Elías tiene grabado en su mente a El Pato, un compañero del CCH Vallejo que le prestaba un libro de física que él no podía comprar. 

Ante la insistencia de Pedro, que no soportaba ver que su amigo desperdiciara algo que para él era simplemente inalcanzable, El Pato le regaló el libro. Ese ejemplar ahora estará al alcance de cualquiera que desee consultarlo.

Tepoztlán fue el lugar elegido para construir lo que se fue transformando de un simple “lugar para poner los libros que ya no cabían en casa” a la primera biblioteca pública —ahora lo es— sustentable de México.

Sin embargo, el término sustentabilidad se refiere solamente a la construcción que fue diseñada para ser amigable con el medio ambiente. Lejos está el proyecto de tener claridad en cuanto a su sostenibilidad económica. Por ello, Pedro López Elías creó una fundación a través de la cual pretende conseguir recursos públicos y donativos privados para dar mantenimiento al edificio, incrementar el acervo y ofrecer actividades educativas y culturales a los habitantes de la comunidad tepozteca y a los visitantes.

Y aún sin la certeza de cómo se mantendrá en pie este sueño que huele a tinta y a papel, Pedro López Elías ya abrió las puertas de su mayor tesoro a quienes, como él, tengan sed de conocimiento y hambre de crecer. Dice haber terminado con los ahorros de toda una vida de trabajo, con la aprobación de sus hijos que más allá de saberse herederos de tan impresionante colección bibliográfica, comparten con su padre el deseo de contribuir a que este sea un país con más lectores.

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