QUISO CLAUDICAR

ENTREVISTA: Chepe Guerrero del América, bendecido del futbol

Cuenta, de cara al Clásico, cómo América cambió su vida tras la muerte de su esposa y un descenso; sin ser mediático, se ha mantenido como titular
Ariadna Montoya
16/02/2017 - 14:02

 

Lejos está de ser un jugador mediático. Escapa incluso a la costumbre de ser un gitano del futbol. Pero desde que pisó las canchas de Segunda División con los Vaqueros de Ixtlán, hasta cuando vistió las playeras de Atlante y América, las únicas en su carrera, José Daniel Guerrero aprendió a jamás rendirse para ser campeón.

Obligado a curtirse en los sinsabores de la vida —la pérdida de su esposa, el doble rol de ser padre y madre de sus hijos, los deseos de retirarse cuando tenía la ilusión llena y los bolsillos vacíos—, El Chepe supo salir adelante.

Golpeado en el ánimo tras la muerte de Atenas, su mujer, y destinado a galopar en el descenso con el Potro en 2014, el mediocampista se enroló con el América.

Ha sido un sobreviviente en medio de los comunes despidos de jugadores en el nido. En sus vitrinas relucen un par de títulos de color azulgrana y azulcrema y hasta puede presumir que en los tres Mundiales de Clubes que ha disputado enfrentó a dos gigantes del orbe: Barcelona y Real Madrid.

Por todo esto, José Daniel supo que el futbol no sólo sirve para tener fama, sino que también es un remedio para las desgracias.

“Me siento bendecido por todo lo que me ha pasado”, revela El Chepe, quien espera ser titular este sábado ante las Chivas. 

 “Estuve varios torneos en los que todo me salía mal, también en lo personal. Y gracias a Dios el América se fijó en mí. Cuando llegué el equipo fue campeón y eso me ayudó muchísimo para dejar atrás ese mal paso”, relata, conmovido.

“También me siento bendecido por los tres Mundiales de Clubes, en los que enfrenté a los quizá dos mejores equipos de la historia. Estoy feliz por lo que se me ha dado la oportunidad de tener en el futbol, pero quiero mucho más”.

PAPÁ, SU INSPIRACIÓN

El contención azulcrema se deja arrancar sentimientos con la grabadora. Cuenta que su padre, José Guerrero, amante del futbol y jugador de barrio en su natal Guadalajara, fue su cómplice para convertirse en futbolista.

“Mi mamá era la de la escuela, me decía que si no estudiaba no iba al futbol. Mi papá era el que me decía que tenía que ver siempre para adelante, siempre apoyándome, intentando que lograra mi sueño y se cumplió”.

Abunda: “Él nunca le fue a ningún equipo, pero mi abuelo era atlista de hueso colorado. Mi papá por eso le tiene un cariño especial al Atlas y me llevaba a los partidos en la época de La Volpe, cuando estaban El Chato, Zepeda, Osorno, esa buena época”.

Mas José Daniel no aterrizó sus sueños con los Zorros, sino con Atlante, por una casualidad de la vida.

“En Guadalajara me dirigía con los Vaqueros de Ixtlán un profe que era amigo de René Isidoro García, quien en ese entonces comandaba al Atlante. Hubo un duelo amistoso, en el cual yo no estuve, e Isidoro le echó ojo a dos jugadores y le pidió a mi entrenador que se los llevara para probarlos. Esta persona los llevó a ellos y a mí y los tres nos quedamos”, recuerda.

QUISO CLAUDICAR

El comienzo de Guerrero con Atlante fue poco alentador. Su padre, junto con su familia, evitaron su prematuro retiro de las canchas.

“Fue difícil. Era joven, en una ciudad grande me costaba trabajo estar solo. Aparte tenía problemas de pago, por ser joven no ganaba tanto, no se me daba la oportunidad de cobrar una quincena y vivir dos meses. Estaba desesperado por la situación y hablé con mi familia: ‘Hasta aquí llegué’, les dije”.

El Chepe tenía apenas unos cuatro meses en Primera con los azulgrana y aún no debutaba, por lo que al otro día toda su familia se trasladó de Guadalajara a Cancún para animarlo.

“No sé cómo le hicieron, pero llegaron mi padre, mi madre, mis hermanas y fue un empuje extra. Me empezó a ir bien con Atlante y ahora acá”.

PADRE Y MADRE

En 2012, José Daniel vivió su época más triste: Atenas, su esposa y madre de sus dos hijos, falleció durante una cirugía a la que fue sometida.

“Al principio me costó mucho, porque sí me creí eso de ser padre y madre. Con el tiempo me acomodé mejor a la situación y honestamente yo ya no ocupé el rol de madre, ese papel lo ocupó mi mamá”, rememora con dolor.

“Mis hijos la veían a ella para la hora de la comida, el cariño, los abrazos. Para mí, con este trabajo, era muy difícil el apapacharlos y jugar con ellos, por los viajes y las concentraciones”.

La angustia era mucha cuando tenía que dejar a sus pequeños (hoy de ocho y seis años) dos o tres días por su trabajo.

“Tenía la idea de que si no veían a su mamá y a su papá algo iba estar mal con ellos, pero el apoyo de mis papás me sacó a flote en lo personal y profesional, porque al principio estaba la mitad en mi casa y la mitad en mi profesión. No hallaba el rumbo y gracias a ellos me estabilicé y vino todo lo bueno”.

Actualmente, El Chepe tiene una pareja estable. “Los niños no la ven como su mamá, pero ya ven una figura materna ahí. Ella los apapacha mucho y estoy bastante tranquilo, para después reflejarlo en la cancha”.

Y es en el terreno de juego donde quiere trascender: “Soy un jugador que, si bien no es mediático, trabaja día a día, se entrega en los entrenamientos, en los partidos. El que estemos peleando siempre el título ayuda para que la directiva nos brinde su confianza. Vamos a seguir haciendo bien las cosas para estar muchos años acá”.

 

Una publicación compartida de El Gráfico (@elgraficomx) el 16 de Feb de 2017 a la(s) 5:59 PST

 
 
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