Primera caída

El Hijo del Santo estrena columna en El Gráfico, disfruta su colaboración todos los viernes
Rodolfo Rosales
15/08/2014 - 09:44

Este viernes,  El Hijo del Santo hace su debut como columnista en El Gráfico, así que lo retamos a una entrevista a cinco caídas sin límite de tiempo. Con esa sangre de guerrero que corre por sus venas, el luchador  no dudó en aceptarlo.
 
Claro, lo hicimos así, en el plano periodístico, en el que obviamente no existía peligro de una lesión, aunque la batalla fue cruenta, porque el luchador ¡también es periodista!
 
Así que saltamos al cuadrilátero. La primera pregunta fue a manera de saludo.
 
—¿Cuál es tu secreto para ponerte la máscara y aparecer o desaparecer entre la gente?
 
“Te puedo decir que la magia la tiene la máscara. Cuando no la tengo soy una persona más, camino por la calle como todos, no soy famoso sin ella, soy un tipo más que pasa por ahí, a diferencia de algún famoso, porque nadie conoce mi rostro. Eso sí, cuando me la pongo aparece El Hijo del Santo. La máscara es bonita, brillosa, me ven y todo cambia. 
 
“La máscara me la pongo en un segundo y a la mejor me tardó dos más en bajar el cierre; lo mismo cuando me la quito. Voy a una entrevista o a un evento público con ella, salgo de ahí y cuando me pierdo entre los coches y  nadie me ve me la quito rapidísimo.
 
“Fíjate, tuve una experiencia muy bonita. Cuando he ido a El Gráfico me voy en mi coche, pero ahora  que estuvimos por allá nos fuimos  caminando. Al entrar, la gente se me quedó viendo, como pensando si era yo o un imitador; pero con un señor que se me acercó a pedir una foto, todos se acercaron y eso me agrada mucho, me dolería que nadie me hiciera caso. ¿Te cuento algo? Cuando viajo siempre me llevo algún libro para leer y al ver a algún artista, cantante o periodista, me acerco a ellos y les pido sus autógrafos y ellos no saben a quién se lo están dando. Eso es la magia de la máscara”.
 
—En una caída dime: ¿Quién es El Hijo del Santo?
 
“Es un elegido por su padre,  porque es una satisfacción que nadie me va a quitar:  el que él me haya elegido para continuar con su legado. El Hijo del Santo es un personaje muy trabajador, muy perseverante, muy profesional y la verdad, lo digo con mucho orgullo, ser El Hijo del Santo no ha sido fácil. Frente a mí hay un monstruo que es El Santo. El hijo ha logrado hacer su historia, tanto en el ring  como fuera de él, y es un digno heredero de este personaje, porque ha sabido respetar la máscara, darle brillo, llevar al Santo a otros lugares que él deseaba y la  vida ya no se lo permitió.
 
“Mi padre quería hacer del Santo una marca y yo le he dado continuidad a ese sueño.  El Hijos del Santo es criticado, querido y odiado. Mucha gente juzga sin conocerme,  por envidia, porque me he convertido en un empresario y no es vivir a costillas de El Santo, todo lo que está en la tienda, la marca no es El Santo, la marca es El Hijo del Santo. Para tapar bocas me exploto a mí mismo, pero  al final del camino he aprendido  a superar estas críticas y pensar en mi papá,  en satisfacerlo esté dónde esté. Yo no le puedo  mentir a Dios ni a mí, todo lo que yo hago es con  honestidad”.
 
—Cómo no soltaba la palabra, se la tuvimos que arrebatar  con otra pregunta:  ¿La vida te ha tenido de espaldas planas?
 
“Sí, muchas veces. La verdad  aplaudo el que me haya sabido levantar a tiempo la espalda, antes de las tres palmadas. La  vida te pone pruebas y cuando te pone de espaldas planas, si te derrotas, ahí te quedaste. El Hijo del Santo, como persona y como personaje,  siempre se ha sabido levantar de muchas maneras.
 
“Te cuento. El otro día vi a mi hija, tiene 19 años, leía una revista en la que se informaba que Monserrat Oliver había perdido a su mamá y recordó que yo me quedé  huérfano de mamá antes de empezar mi carrera y dos años después se fue mi papá. Luego tuve un divorcio, o cuando la arena México me vetó por alzar la voz para defenderme y le impidió a mis compañeros luchar conmigo y a los empresarios contratarme. Ahí es cuando  la vida me puso de espaldas planas, pero cuando me iban a contar el tres,  mi mánager (Gabriela Obregón, su actual esposa)  me dijo: ‘Sí aquí no hay trabajo vámonos a Europa’. Y  hablamos con los que estábamos vetados y nos fuimos a triunfar;  allá nos dieron trato de estrellas”. 
 
—Le hicimos manita de puerco para que respondiera si pesa ser la continuación de una leyenda.
 
“Me pesó más al principio, en mis primeros años, porque El Santo, mi papá, aunque ya no luchaba,  seguía activo y había muchas comparaciones. Cuando desgraciadamente fallece su recuerdo era imborrable, como hasta ahora,  y tuve que dar lo mejor de mí en cada lucha, hacer las cosas con pasión, con amor a mi deporte y demostrarle a la gente que yo tengo esta máscara por algo, porque yo sabía que iba a salir adelante y hoy en día ese peso ya quedó como un recuerdo”.
 
—1... 2... ¿qué  empiece la tercera caída?
 
“Sí, así es, los años han pasado, el cuerpo te va reclamando, se cansa, pero yo he sido muy afortunado, porque en otros deportes, como el boxeo, la mayoría se retira a los 35 años y a mi edad, sigo en activo. Por eso digo ¡que empiece la tercera caída de mi vida!  Pero esta tercera caída deseo que sea muy larga y la voy a ganar; a la que no voy a vencer es a la muerte. Claro, espero que eso sea dentro de muchos años porque por ahora tengo bastantes proyectos. Mira, estoy por terminar un diplomado en diseño editorial avanzado, es muy padre, porque a mis hijos los motiva, aunque les da un poco de risa. Esto lo hago mientras me recupero de mi lesión, estudio en lugar de sentarme a llorar.
 
“Además, deseo publicar una revista, escribir libros, dedicarme a la pintura en óleo y acrílico.  Esta tercera caída personal y del personaje va a ser muy larga. Fíjate:  mi papá no quería llegar a viejo, porque no quería que lo vieran caminado por la calle y dijeran, ‘ése viejito era El Santo’. Yo, en cambio,  sí quiero estar viejito y disfrutar a mis nietos, así me visualizo.
 
“Pienso poner una escuela de lucha libre, donde no sólo voy a enseñar llaves, sino a preparar a los jóvenes de ‘pe a pa’, van a llevar historia de lucha libre; a mi hijo le doy clases y lo pongo a ver videos de luchadores de antes, que lea mis columnas. Esta tercera caída la voy a ganar, quiero escuchar el grito de la gente:  ‘¡Saaanto, Saaanto!’ y que me levanten la mano.
 
La lucha imaginaria llega a su fin, con la victoria indiscutible de El Hijo del Santo, aunque con algunas llaves le pudimos sacar pasajes importantes de su vida. Bienvenido luchador incansable.

 

 

El heredero del Enmascarado de Plata inicia una nueva aventura, siguelo en su columna "Hablemos sin Máscaras",  que aparecerá todos los viernes.

 
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