Dejó huella en el equipo

Acumula medio siglo en las canchas llaneras

Ponciano Jiménez se la ha pasado medio siglo en las canchas llaneras, terreno del que piensa irse directo al panteón
Gabriel Cruz
14/05/2016 - 11:51

Cada sábado es especial para Ponciano. Hace más de 50 años que toma su mochila; antes sólo metía su uniforme para jugar en la delantera, ahora anda tras sus pupilos para que lleguen al partido y sufre cuando no se acompleta el equipo.

Pero no se rinde en busca del triunfo que le devuelva la emoción para seguir en la pelea.

Empezó hace muchos años con el Atlético Colima, palomilla que se juntaba cada ocho días en la calle del mismo nombre en Tizapán, por los rumbos de San Ángel.

Más tarde, ya en la adolescencia, formó parte de un equipo que se armaba para ocasiones especiales, “el Nuevo México, era un equipazo, pero nunca entramos a una liga organizada. Así no la pasábamos mejor: Sin meternos en líos y cada quien se iba a jugar con otros equipos”.

A sus 62 años, jubilado y con sus nietos siguiéndole la huella, el entrenador de 'El Hormiga' acepta que el futbol le cambió la vida.

“En el futbol llanero encontré una pasión muy fuerte, así nació el equipo que lo fundó mi padre y familia en general. Mi tío Narciso Jiménez trabajó en la fábrica de 'La Hormiga' y el equipo empezó cuando los veteranos iban a jugar un partido amistoso. De ahí seguimos sacando juegos de práctica, hasta que tomó forma el equipo”, comenta.

Lejos de presumir campeonatos, valora más que el equipo sea reconocido en todas partes: “Salimos campeones en la Casa Popular (Contreras), la Liga de Coyoacán y el Potrero (Álvaro Obregón). El Hormiga es mi vida. A veces me preguntan cuándo lo voy a dejar y respondo que lo llevo en el corazón y nunca lo dejaré”.

SE METE DE LLENO.

Como estratega y guía de nuevas generaciones, respeta al máximo pisar el llano, compromiso que le transmite a sus dirigidos.

“Lo mínimo que se le pide a un chavo es que se entregue al equipo. Cualquiera que llegue es bien recibido, no soy de los que dice que necesito verlos. Nunca he querido tirar la toalla, pero a veces sí es frustrante cuando faltan cinco minutos y somos cuatro jugadores. Empiezo a sentirme mal, pero todo pasa y volvemos a la siguiente semana con la misma ilusión”, señala.

Siempre fue delantero, hasta la fecha sigue jugando con 'El Hormiga', así que jamás olvida su uniforme: “Me mantiene el gusto, somos de familia futbolera. Soy un técnico gritón, me apasiona, lo siento y me meto fuerte con los muchachos. A algunos no les gusta, pero es mi papel. Sólo busco ubicarlos. El jugador ya no es como antes, ahora son muy comodinos, quieren que les pagues por gol, uniformes. Antes bastaba un chiflido y salían todos para ir a jugar. Nunca le voy a pagar a un jugador, eso no va conmigo”.

 
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