Será sepultado el viernes

Nació y vivió para pelear

Ali combatió ante los mejores, contra un sistema al que llamaba racista y ganó
Redacción
05/06/2016 - 16:00

Marcelous Clay nació para los grandes desafíos, fue un hombre que ganaba en todo lo que competía, incluso, cuando se negó a ir a la guerra de Vietnam y fue un gran luchador social en contra del racismo.

Campeón de los Guantes de Oro, Medalla de oro en los Juegos Olímpicos de 1960; campeón mundial de peso completo y muy inteligente al momento de burlarse de sus rivales; además de ser creador de un sinnúmero de frases, que lo inmortalizaron.

Aunque suene duro, su deceso se esperaba desde hace tiempo, pero nadie estaba preparado para ver como le aplicaban la cuenta final y perder el duelo más importante de todos, el de su vida.

Nació el 17 de Enero de 1942 en Lousiville, Kentucky en Estados Unidos. Llegó a este mundo como Cassius Marcelous Clay y desde que era un niño pintó para ser un gran hombre.

Era veloz, boxeaba bien, pagaba fuerte y sin ser un fanfarrón, aparecía como tal porque sabía publicitarse, conocía perfectamente todo aquello que le llegaba a la gente y que la atraía cada vez más para ir a verlo pelear y todo lo que hablaba lo sostenía con sus puños.

(En una convenció de la CMB, Cantinflas se le pone al brinco)

CAMBIO RADICAL. Su apoderado Herbert Muhammad, era un dirigente musulmán-estadounidense con quien mentalmente Clay armonizó desde un principio, es casi un hecho que influyó para que el boxeador abrazara el islamismo y defendiera cada vez más a los miembros de su raza afroamericana.

En su pelea profesional 20, conquistó el campeonato mundial de peso completo al noquear en siete episodios a Sonny Liston, quien había subido al ring con la mayor parte de los pronósticos a su favor.

Un día después de su coronación, anunció al mundo que cambiaba su “nombre de esclavo”, Cassius Clay, por el de Muhammad Ali, el que sin problemas fue aceptado por todos.

Cuando adolescente tuvo la puntada de posar para una foto en guardia y en la que destacaba un letrero pegado a la solapa izquierda de su saco con la leyenda “futuro campeón mundial de peso completo” y cumplió.

LUCHADOR SOCIAL. Ali se convirtió en un defensor de los derechos humanos, ofrecía conferencias. Se rehusó a ir a la guerra de Vietnam, porque no “iría “a matar a nadie” y se negó a dar el paso adelante que pidieron altos mandos militares. A partir de ahí se desató una persecución sobre el campeón que terminó hasta que fue desconocido por los organismos boxísticos que había entonces.

Antes de su castigo, Ali realizó ocho defensas de su corona, varias de ellas en Europa y pronto se convirtió –como merecía—, en un individuo rico.

Cuando volvió de la forzada inactividad a que lo sometieron, acabó en tres rounds con Jerry Quarry. Ali eficiente como pocos entre las cuerdas, atractivo en muchos aspectos para las mayorías en el mundo, de hecho cambió todo lo que hasta aquel momento se había visto dentro del pugilismo.

Cobró bolsas que nadie había recibido, se vio involucrado en tres encuentros con Joe Frazier, el primero de ellos conocido como ”La pelea de siglo” y que significó para Ali la primera derrota en su carrera. En la revancha y en un tercer combate, se vengó de Frazier, por puntos y por nocaut efectivo.

El promotor Don King lo firmó para que fuera en calidad de retador frente a quien estaba entonces sobre el trono, George Foreman y fueron hasta Kingshasa, el antiguo Congo Belga en África, y Muhammad Ali aplicó un demoledor nocaut en el octavo a Foreman.

Tras ser vencido por el jamaicano Trevor Berbick, Ali opto por el retiro definitivo, dejando una huella tal vez la de mayor grandeza como hombre, que se conozca en el boxeo de todos los tiempos.

(Emotivo fue el momento en que apareció con la antorcha para los Juegos Olímpicos de Atlanta 1996) 

 
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