Ahora o la catástrofe

Lun, 30/11/2015 - 04:00

Ha iniciado en París la Cumbre de las Naciones Unidas COP 21 sobre Cambio Climático, encuentro entre jefes de Estado y de Gobierno que quizá sea la última oportunidad de alcanzar un acuerdo para detener el calentamiento de la Tierra y sus devastadoras consecuencias, que la comunidad científica ha previsto, de seguir como vamos, no más allá de 50 años.

La atmósfera está compuesta por gases (nitrógeno, oxígeno, argón y dióxido de carbono) que retienen radiación térmica que la superficie de la Tierra emite luego de recibirla del Sol. Eso es lo que se llama efecto invernadero: una especie de regulador natural de la temperatura del planeta, sin el que estaríamos a 18 grados bajo cero, lo que haría inviable la vida.

¿A qué se debe entonces el sobrecalentamiento de la Tierra? Pues resulta que durante muchos años ha crecido desmesuradamente la presencia en la atmósfera del dióxido de carbono (CO2) ocasionado por el consumo de energías fósiles, es decir, petróleo, gas natural y carbón. A mayor presencia de CO2 en la atmósfera, mayor retención de la radiación de la superficie terrestre y, por lo tanto, sobrecalentamiento. Este es el efecto invernadero antropogénico, es decir, el provocado por el hombre.

Los científicos establecen en 15 grados la temperatura promedio de la Tierra, con variaciones naturales al alza o a la baja. El problema es cuando la variación es sostenida. Eso es lo que ahora ocurre por la excesiva generación de gases de efecto invernadero.

La temperatura media de la Tierra se ha calentado 0.8% de 1880 a la fecha. En los últimos 50 años de ese lapso, el aumento ha sido sostenido. Este dato lo ejemplifica: 2014 fue el trigésimo octavo año con temperaturas arriba de la media. De seguir así, estiman los científicos, la temperatura de la Tierra habrá aumentado dos grados en dos décadas. Y tal aumento sería la catástrofe: huracanes devastadores, deshielo de casquetes polares, sequías extremas, heladas inmisericordes, ruptura, pues, del equilibrio del planeta.

¿Cómo evitarlo? La lógica, lo inmediato, nos dice que reduciendo la emisión de gases de efecto invernadero. Y ¿cómo conseguirlo? Reduciendo el consumo de petróleo, gas natural y carbón, para sustituirlos por energías renovables y/o limpias.

Para conseguir ese objetivo la ONU trabaja en el tema con pocos avances reales. En 1992, durante lo que se conoció como la Cumbre de la Tierra de Rio de Janeiro, se adoptó un acuerdo de reducción en la emisión de gases. Naciones Unidas lo desarrolló en 1997 durante la Cumbre celebrada en Kioto, Japón. De ahí que se le conozca como Protocolo de Kioto. Ciento ochenta y siete países se comprometieron a reducir 5% la emisión de gases de efecto invernadero en un primer periodo (de 2008 a 2012), tomando como referencia los niveles de 1990.

A ratificar el acuerdo se comprometieron los países que generan 55% de esas emisiones (China con 23.2% del total, EUA con 12.64%, India con 6.3%, Rusia con 4.9%, Indonesia con 4.3%, Brasil con 3.96% y Japón 2.6%. Ni China ni Estados Unidos, sin embargo, ratificaron el Protocolo de Kioto. Aún así, la ONU abrió un segundo periodo de aplicación (de 2013 a 2020), pero nuevamente con un muy débil compromiso de las naciones más industrializadas, las más contaminantes.

¿Qué se espera de la Cumbre de París? Pues un acuerdo más concreto y obligatorio. México, sede de la Cumbre de 2010, ha tenido en esto una posición de avanzada y ha empujado, entre muchas otras, la propuesta de fijar un precio al carbono, con el objetivo de encarecer su consumo para incentivar el desarrollo de energías renovables y limpias. Eso es lo que se conoce como transición energética, un tema en el que el gobierno mexicano pretendía llevar a París una ley aprobada sobre la materia.

Fue aprobada, sí, por la Cámara de Diputados, pero lleva más de un año atorada en el Senado por los poderosos intereses de los carboneros y la industria siderúrgica. Una ventaja en la Cumbre de París es que las grandes empresas trasnacionales han adoptado el compromiso de dar un paso con el tema del carbón.

Tales son los esfuerzos y los instrumentos que hay para detener la emisión de gases de efecto invernadero y con ello frenar y revertir el sobrecalentamiento global. Pero sólo serán paliativos. La solución de fondo está en el cambio del modelo global de desarrollo. Y es ahora o la catástrofe.

@RaulRodriguezC

 
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