Problemas de pareja, mal en casa

Jue, 29/08/2013 - 05:00

Las riñas en parejas con hijos pueden ser un problema de fondo ya que se trata de asuntos que sacuden el ambiente en el hogar, y expertos del Centro de Especialización de Estudios Psicológicos en la Infancia (CEEPI) nos explican que de no atenderse con prontitud estos conflictos, derivarán en resentimientos y choques que se harán cotidianos con efectos negativos en los hijos, sobre todo cuando son pequeños.

“Se piensa que por tener corta edad, los niños no se dan cuenta de sus efectos. Es falso. Ellos saben interpretar el significado de cualquier movimiento del cuerpo de sus padres —una mirada, un ademán, o el tono de voz— y así diferencian cuando es un conflicto superficial o bien, cuando es grave y que eventualmente alterará su equilibrio emocional”, explica la maestra Leticia Sánchez, integrante del CEEPI.

El peso de las peleas

La especialista deja ver que el enfado y reconciliación son parte de la vida, pero la forma de resolverlos es lo que marca la diferencia entre un ambiente familiar sano y uno que no lo es.

“Lo que más perjudica a los hijos es cuando existe un problema real no resuelto, sea evidente o no. Hablamos de relaciones de pareja frágiles donde se presentan dinámicas de agresión de forma persistente e, incluso, donde la agresividad es encubierta. Al final, captarán la esencia de la problemática y, por ende, se verán afectados aunque sólo sean espectadores”.

Cuando las peleas son reiterativas y van en incremento, los niños vivirán escenarios como:

* Sentimiento de culpabilidad. Cuando se les obliga a formar parte del conflicto de pareja no resuelto experimentan un sentimiento de culpa que se convierte en una actitud constante ante la vida.

* Resarcir daños comprando cosas. Los niños comprueban que sus padres les hacen regalos después de una pelea. Por ende, basarán sus relaciones amorosas a futuro en el interés material o económico.

* Evadirse de la realidad. Para algunos niños el rechazo global a una situación familiar insostenible se traduce en actitudes evasivas de la realidad (es el principio de las adicciones).

* Bajo rendimiento escolar y bullying. Los niños también se deprimen y, con ello, comienzan a no prestar atención en clase ni hacer sus tareas. Otros canalizan esta frustración en agresiones hacia sus compañeros de clase.

* Efectos a largo plazo. Los conflictos familiares en la infancia pueden hacer que el niño tenga dificultades para establecer relaciones de pareja e, incluso, para mantener amistades en el futuro o bien, pueden replicar el modelo de relación de sus padres.

* Ansiedad. Sienten que algo muy malo puede pasarle a alguno de sus padres y esto sucede de forma recurrente.

Un paso adelante

“Estos escenarios se presentan cuando el eje rector de la relación de pareja son las peleas. Cuando incluso se usa a los hijos para agredir a mamá o a papá. En ese momento, la razón no impera en la familia y las secuelas psicológicas en los hijos pueden ser muy costosas a futuro”, dice Sánchez.

El CEEPI recomienda que si una pareja pasa por situaciones similares será indispensable replantearse el futuro que se tiene y aun, acudir con un profesional de la salud mental.

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