Nuevos pobres

Mar, 28/07/2015 - 05:00

Históricamente, la pobreza (del latín pauperis=que produce poco) se ha definido en términos económicos y sociales como un estado de carencia tal que el o los individuos que la padecen son incapaces de proveerse, con la más elemental suficiencia, de alimento, casa y vestido.

Acá hemos dicho en reiteradas ocasiones que una excelente vía para combatir la pobreza es con más y mejores plazas de empleo, y que éstas podrían consolidarse mediante un mayor presupuesto federal e inversión pública y privada para incentivar y fortalecer la cadena de valor que va de la educación hasta la innovación, pasando por la generación de nuevos conocimientos en las universidades y centros de investigación y su acercamiento con las empresas a través de la vinculación y la transferencia tecnológica. Sin embargo, esta vía de solución no es ni inmediata ni sencilla, ni mucho menos mecánica.

Por otro lado, no basta usar el conocimiento como vía de solución en términos materiales y de mercado, sino incorporar cada vez más a amplios sectores de la sociedad en algo que de a poco van comprendiendo mejor los economistas y los que toman las grandes decisiones: la innovación social.

Hace un par de años diversas instituciones como el Conacyt, la Academia Mexicana de Ciencias, el Foro Consultivo Científico y Tecnológico, A.C., etcétera, lanzaron la Agenda Ciudadana, en la cual se consultó en directo a la población para que identificara, desde su punto de vista, qué tipo de problemas nacionales podrían ser atendidos y, en su caso resueltos, con ayuda de la ciencia, la tecnología y la innovación. De ese ejercicio surgieron 10 retos; al menos la mitad de ellos se relaciona directa y precisamente con la pobreza: educación, seguridad alimentaria, migración, agua, salud mental y adicciones.

También de la Agenda Ciudadana surgió la idea de involucrar a las y los jóvenes para que, desde sus comunidades, propongan ideas que puedan resultar en la solución concreta de una problemática local, regional, estatal o nacional.

Las mejores y más viables ideas se premian en metálico (50 mil pesos a cada ganador por cada uno de los 10 retos) para que sirva de aliciente a la inclusión social de más estudiantes de licenciatura. Así nació el concurso Vive conCiencia, cuya segunda versión, este año, está por comenzar y viene muchísimo más perfeccionado y entusiasta. ¡Espérelo!

 
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