Las cómplices

Vie, 27/12/2013 - 05:00

Sin ser presuntuosa, de los siete años que llevo manejando mi hermosa motocicleta, 2013 ha sido el que más adrenalina me ha inyectado en el corazón.

Desde el martes 1 de enero a las nueve de la mañana empezó la acción. Mi Rube y yo acompañamos a Lisette y su Andrómeda y a Paulina y su Ítaca, en el inicio de su viaje hasta "el fin del mundo", a la Patagonia.

Además de admirarlas por su valor de renunciar a todo para seguir su sueño, durante los poquitos kilómetros que rodamos atrás de ellas recordé la bandera que llevaron como lema: “Por una vida libre de violencia para las mujeres”.

Durante casi seis meses “viví” con ellas su aventura a través de las imágenes que subían a Facebook. Pero, sin duda, lo mejor fue el domingo 2 de junio, cuando la Rube y yo escoltamos a Lis en los últimos kilómetros de regreso a casa, en medio de una tormenta y las montañas que anunciaban la entrada a la Ciudad de México. Les cuento y la piel se me vuelve a erizar. ¡¡¡Imagínense, iba atrás de la motociclista que más admiro!!!

Ese viaje me motivó para que, como autorregalo de cumpleaños, agarrara a mi cómplice y me lanzara a mi primera rodada sola en la carretera. Aunque fue poca la distancia, el paso fue enorme porque nunca me había atrevido a ir sin acompañantes. El viento helado en mi cara, la vibración del motor que invadió mi cuerpo y mi garganta que se enrojeció de tanto gritar, me mostraron la magia que había perdido hasta ese momento.

Este año también fue especial porque mi moto y yo “la libramos” de tener accidentes mayores, luego de una rachita que traíamos de 2011 y 2012; bueno, aún faltan cuatro días para que acabe el año, mejor ahí le dejo.

La “cerecita del pastel” es la amistad tan locochona que he hecho con dos motociclistas que, además de apuestos (ups, ya lo dije, ¡ja!) son igual de apasionados que yo con mi Rube. Saludos a los dueños de la Bonnie y la Priscila. Ojalá tengamos muchas rodadas juntos por delante.

Lo más padre es que gracias a ustedes y su buena vibra este espacio creció y abrió las puertas de las redes sociales. Incluso, tocó fibras sensibles de varias mujeres que me han escrito mails diciendo que mueren de ganas por tener sus propias máquinas y andar de pata de perro sobre dos ruedas.

Ojalá que las palabras que aquí escribo las motiven para lograr ese sueño y que pronto, muy pronto, me puedan contar qué sintieron la primera vez que rodaron en libertad.

Y como La Osa y la Rubelia son muy cursis y querendonas, les deseamos un año lleno de kilómetros seguros a bordo de sus máquinas. Y que los Reyes Magos les traigan un equipo nuevo de seguridad, para cuidar su vida a bordo, aunque se hayan portado mal... A bientôt!!!

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