La trata

Mié, 27/08/2014 - 05:00

En 1990, el sociólogo Héctor F. Castillo Berthier publicó la segunda edición de su libro La sociedad de la basura, caciquismo urbano de la ciudad de México. Un excelente trabajo de investigación donde explica el ciclo de los desechos generados en la ciudad, además de hacer una minuciosa descripción sobre el servicio de limpia, su personal y de las millonarias ganancias del líder de los pepenadores.

En el primer capítulo refiere cómo murió asesinado el Zar de la Basura, Rafael Gutiérrez Moreno en 1987, después de más de 20 años de poder en la Unión de Pepenadores de los Tiraderos del DF. A 48 horas de haber sido asesinado en su propia cama, Alicia García, una de sus cuarenta esposas, quien había dormido esa noche con él, declararía ser la responsable intelectual del homicidio: “—Yo lo mandé matar (...) pero lo volvería a hacer: era un hijo de la chingada—, declaró ante el juez 18 de lo penal, después de relatar cómo había violado en forma brutal a una de sus hermanas en meses pasados”. Ese es el padre de Cuauhtémoc Gutiérrez de la Torre, el Príncipe de la Basura, cien por ciento hechura priísta. Acusado presuntamente de liderar una red de prostitución con fondos públicos, desde el cargo que desempeñó como presidente del PRI en el DF, hasta hace unos meses, al contratar edecanes con el objeto de prestarle servicios sexuales, según se denunció en la investigación que hiciera el equipo de MVS Noticias encabezado por la periodista Carmen Aristegui.

Hace un par de días, el Consejo General del Instituto Electoral del Distrito Federal (IEDF) exoneró a Cuauhtémoc Gutiérrez y a su partido por mayoría de votos, “al no encontrar elementos que confirmaran que se utilizaron instalaciones y recursos asignados a ese partido para operar y financiar una red de trata de mujeres”. ¿Y qué tiene? Si en este país hasta en los debates presidenciales contratan edecanes triple A, ya no digamos en oficinas de gobierno, congresos y empresas privadas. Al fin que como dijo Enrique Peña Nieto en la entrevista a modo que le hicieran recientemente seis periodistas en la televisión abierta, “la corrupción es cultural”. Por consiguiente la prostitución y la trata también. Forma parte de la visión patriarcal que traspasa desgraciadamente fronteras ideológicas.

De acuerdo con cifras de la ONU, “la trata de personas somete a millones a condiciones de esclavitud y genera anualmente réditos económicos estimados en 32 mil millones de dólares, de los cuales más de 85% proviene del comercio sexual. Comercio que también, al igual que la corrupción, se ve como algo cultural, humano y natural. Al fin que hay enjuague bucal en el baño y doble moral en la sociedad.

 
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