Evitar el embarazo adolescente

Mar, 26/08/2014 - 05:00

En México, las adolescentes siguen siendo un grupo muy vulnerable en salud sexual y reproductiva por la alta tasa de embarazos y enfermedades sexualmente transmisibles. De acuerdo con la Encuesta de Salud y Nutrición (Ensanut) 2012, la tasa de fecundidad en adolescentes en el año 2011 fue de 37.0 nacimientos por cada 1,000 mujeres, 7 más que en 2005. La misma encuesta reporta que el 23% de hombres y mujeres inicia su vida sexual entre los 12 y 19 años de edad y de ellos, el 33.4% no usa ningún método anticonceptivo. Del 66.6% que sí utiliza, 8 de cada 10 prefiere el condón, pero sólo 3 de cada 10 lo obtienen de manera gratuita.

En la actualidad, lo que se espera de los y las adolescentes es que vayan a la escuela y se preparen para realizar sus metas personales y profesionales, que los conduzcan hacia una vida de crecimiento y satisfacción. Es un hecho que cuando las adolescentes tienen un proyecto de vida, retrasan el inicio de su vida sexual o posponen la maternidad con el uso de métodos anticonceptivos.

Las adolescentes que viven en ambientes con menos oportunidades para estudiar, para elegir una carrera y tener independencia o que son discriminadas porque se favorece más a los hijos que a las hijas, pueden buscar el matrimonio temprano e iniciar una familia, para compensar la falta de un proyecto personal y así encontrarle un sentido a su vida. Otros factores que también influyen son la falta de comunicación con la familia, vivir violencia familiar o ser víctima de violencia en el noviazgo, de abuso sexual o de violación. En los embarazos de adolescentes menores de 15 años se debe siempre descartar el abuso sexual.

Se habla mucho de la importancia de la educación sexual de los/as adolescentes y que ésta corresponde a madres, padres, maestros y a la sociedad en general. Es contraproducente seguir enjuiciando a las jóvenes que se embarazan, sin considerar los obstáculos para su salud sexual. Los países que han tenido éxito para disminuir el embarazo adolescente, tienen programas de educación sexual dirigidos a retrasar el inicio de la vida coital y al uso de métodos anticonceptivos.

Aquí vale la pena aclarar, que no se trata de retrasar la vida coital con un fin represor de la sexualidad, sino como el resultado de una mayor responsabilidad y conciencia de lo que significa física y emocionalmente tener relaciones sexuales. La educación debe dirigirse a apoyar a los y las adolescentes en su autoestima, a que desarrollen su capacidad para tomar decisiones asertivas y fundamentadas, así sea para negarse a tener relaciones sexuales cuando no las desean o bien para utilizar los métodos anticonceptivos en caso de aceptarlas.

Lo que ya no se vale, es no hablar con las jóvenes y no apoyarlas en su proceso de maduración, por el contrario, padres y maestros tienen un papel importante para motivarlas, valorarlas y encaminarlas desde edades tempranas a que tengan objetivos claros y realizables, en ayudarlas a reconocer sus posibilidades y a buscar soluciones frente a la adversidad.

Apoyar a las hijas significa interesarse por sus amistades, vigilarlas cuando tienen relaciones con personas mayores, poner límites y valores, educarlas para que sean astutas, para que sepan elegir lo que más les conviene y también ¿por qué no?, acompañarlas a un servicio de planificación familiar.

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