Ridículos y traidores

Vie, 25/10/2013 - 05:00

La entrega del petróleo a compañías extranjeras es más peligrosa para la seguridad nacional que el presunto espionaje de los aparatos de inteligencia de Estados Unidos a personajes de la política nacional. Por eso, resultan ridículos quienes se rasgan las vestiduras por las revelaciones de Edward Snowden y, al mismo tiempo, buscan concretar la privatización de la industria petrolera nacional.

Si se trata de defender la seguridad nacional, entonces no hay que permitir que se privatice el petróleo. Es grotesco ver a los gobernantes mexicanos quejarse del presunto espionaje de una potencia extranjera, cuando le quieren entregar la mayor riqueza de México con los peligros y riesgos que eso significa.

Simplemente hay que imaginar los intereses que se desatarían si empresas como Chevron o Exxon llegaran a tener bajo su control yacimientos, oleoductos y refinerías. Su país consideraría esas instalaciones y riquezas como parte de sus reservas estratégicas. No olvidemos que Estados Unidos representa 5% de la población mundial, pero absorbe 25% de la energía del planeta.

La lucha por el petróleo ha desatado sangrientas guerras, ha provocado invasiones, ha llevado al derrocamiento de gobiernos. México ha logrado sobrevivir a esas presiones gracias a la protección constitucional de los hidrocarburos y al patriotismo visionario del general Lázaro Cárdenas.

Sin embargo, los gobernantes mexicanos quieren borrar del listado de áreas exclusivas de la nación, establecido en el artículo 28 de la Constitución, las palabras petróleo, petroquímica, hidrocarburos y electricidad. Si se consuma esa contrarreforma se desatarían presiones poderosísimas de las potencias extranjeras para una privatización y extranjerización total del petróleo y energéticos, pues el nuevo marco legal lo permitiría.

Por eso suenan ridículos los gobernantes y ex gobernantes que ahora se rasgan las vestiduras por el espionaje de potencias extranjeras a México. Lloran y lloran que eso atenta contra la seguridad nacional. Y en efecto, todo espionaje es repudiable. Pero no hay nada que atente más contra la seguridad nacional de nuestro país que reformar la Constitución para permitir la entrega de la riqueza petrolera a las compañías extranjeras.

Esa es la razón por la que afirmamos que en la actitud privatizadora del gobierno de Peña Nieto hay traición e ignominia, pero también estupidez y suicidio.

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