La gente quiere que nos pregunten a todos

En las últimas semanas he tocado las puertas de los hogares de los capitalinos en distintas delegaciones, en busca de firmas en apoyo a la realización de la consulta popular sobre la contrarreforma energética. El balance es positivo. La gente está interesada en el tema y quiere ser consultada.

Pese al férreo control de la información en los medios y a la intensa campaña de propaganda que intenta hacerle creer a la gente que entregar la industria energética es lo mejor que puede sucedernos, los mexicanos están enterados y saben que lo que pretende el gobierno sería letal para el país.

Casa por casa, puerta por puerta, la gente antes de firmar expresa su inconformidad con los aumentos abusivos al precio del gas, gasolina y la luz. También muestran su malestar sobre el aumento de impuestos y el mañoso Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS), mediante el cual el PRI y el PRD terminaron “colando” los impuestos a muchos alimentos.

El pequeño comerciante de Santo Domingo, Coyoacán, los profesionistas jubilados en la Benito Juárez, el empleado de la colonia Guerrero, el pequeño empresario de Iztacalco, el trabajador de Lomas Estrella, Iztapalapa o las amas de casa de la colonia Obrera, tienen en común la desconfianza hacia los políticos tradicionales y ven con lejanía a las instituciones que los han decepcionado, engañado y hasta traicionado. Sin embargo, por fortuna se interesan en la política participativa y por eso firman.

No sólo eso, invitan a los brigadistas a pasar a sus casas, les ofrecen agua o un taco, les dan ánimos, palmadas en la espalda y confían en que si la consulta pasa será una excelente oportunidad para enderezar el futuro del país.

No, la gente no rechaza la política, porque participar es hacer política. Rechaza a los políticos traidores que votan leyes que dañan a la gente.

Y es que la inmensa mayoría de quienes hoy ejercen algún cargo público o de representación popular a nivel federal no han dejado títere con cabeza, han perjudicado hasta a los perros y los gatos con impuestos a sus alimentos con tal de medio componer el brete presupuestal en el que metieron al país votando por la privatización de los energéticos. Eso lo sabe de sobra la gente.

Sería interesante ver a Peña, a su gabinete o a los legisladores del Pacto por México, tocar puertas para saber qué le dirían a la gente cuando se quejan porque el salario no alcanza o cuando las familias enfrentan la situación de un pariente enfermo y el medicamento es más caro que una quincena de trabajo, o cuando la jefa de familia lleva un año sin empleo y no tiene perspectivas de encontrarlo, ¿qué le dirían a la gente? ¿Qué spot mandarían a hacer para que esas personas les creyeran media palabra de lo que dicen todos los días desde las curules o desde la comodidad de un presidium? La gente quiere que le pregunten a todos porque aspira que su voz sea tomada en cuenta y porque los políticos tradicionales han monopolizado todas las decisiones.

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