La reforma que moverá a México

Jue, 23/01/2014 - 05:00

La historia se puede entender como la lucha de la humanidad por conquistar mayores niveles de bienestar. La historia de México no es la excepción. Desde inicios del siglo pasado, algunos visionarios entendieron que en el petróleo radica una de las más prometedoras posibilidades de hacer realidad los propósitos de progreso de nuestra sociedad.

Hoy, como ayer, el potencial de los hidrocarburos de México debe estar comprometido con ese propósito fundamental. Es por ello que habría que hacer hincapié en la importancia que ha tenido la industria petrolera en el desarrollo nacional y regional a lo largo del tiempo, para lo cual desarrollaré mi exposición en dos apartados. Para aprovechar mejor las oportunidades, conviene tener presentes las lecciones más valiosas que nos ofrece el pasado. Sólo así podremos cumplir con las responsabilidades que nos corresponde asumir en nuestra generación.

En los primeros años del siglo XX ocurren los grandes descubrimientos que permitieron la inserción de México al mercado internacional como exportador de petróleo, siguiendo las pautas del modelo económico vigente en el país. El mercado internacional de petróleo tuvo una gran importancia para la economía mexicana en esta primera etapa de auge: en 1922, el país fue el segundo gran exportador mundial de crudo.

Posteriormente la industria fue decayendo debido, entre otros factores, al progresivo abandono de las empresas petroleras, que encontraron en Venezuela mayor rentabilidad, aunado a lo conflictivo que les significaba la política de los gobiernos emanados de la Revolución de 1910 de elevar los impuestos al petróleo, así como el restablecimiento de la propiedad para la nación de las riquezas del subsuelo instituida por la Carta Magna, con la que culmina dicha Revolución.

El impulso a la actividad petrolera en los estados de la costa del Golfo de México se manifestó en una masa significativa de inversiones, una relativa diversificación productiva y de generación de servicios que propicia múltiples beneficios locales —empleo, capacitación y calificación de mano de obra, salarios semiprofesionales y profesionales, creación de empresas industriales o de servicios—.

En cuanto a los efectos positivos, Pemex ha suscrito diversos convenios de colaboración con los estados petroleros, cuyo propósito ha sido apoyar a la realización de programas de desarrollo social; impulsar a diversos proyectos productivos; financiar la construcción de obras de infraestructura urbana y rural; realizar la pavimentación de calles y caminos; emprender acciones para mejorar la salud de las comunidades; mejorar la operación del parque vehicular y de maquinaria, destinados a la prestación de servicios públicos; y promover la actividad de los sectores agropecuario y pesquero.

Investigadores señalan que promover las políticas regionales tendrían que estar enfocadas en reducir la brecha entre entidades y municipios, enfocándose en la atracción de inversiones y fortalecimiento a la competitividad de la empresa local, por lo que las reformas aprobadas por el Congreso de la Unión, como la energética o la de telecomunicaciones, se espera que detonen el desarrollo regional.

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