El "poder" del celular

Vie, 22/11/2013 - 05:00

El viernes de la semana pasada La Rubelia y yo íbamos muy tranquilas sobre el Paseo de la Reforma rumbo al trabajo. De pronto, pasando la glorieta del Ángel de la Independencia, nos tocó un semáforo y quedamos entre una camioneta y un coche gris de lujo que manejaba una chava como de 30 años.

El semáforo se puso en verde, pero ni la camioneta ni el auto avanzaban. Miré por las ventanillas de ambos y... ¡Sorpresa! ¡¡¡Los dos conductores estaban chateando en sus teléfonos!!!

Les toqué el claxon y el de la camioneta reaccionó, pero la mujer no. Volteé a verla y ni cuenta se dio, seguía en el teléfono. Lo malo fue cuando empecé a avanzar y ella se arrancó. Tuve que dar un “volantazo” para evitar que nos pegara en la llanta trasera y nos hiciera visitar el suelo.

Luego del sustito, La Rubelia y yo avanzamos unos metros, pero nos volvió a tocar el semáforo intermedio que da paso a los peatones de la Zona Rosa. A propósito, quedamos al lado de la joven y yo la busqué por la ventanilla con la intención —cero agresiva, soy una Osa de paz— de decirle que dejara su teléfono y pusiera atención al volante.

Pero mi intención fue inútil, la morra seguía clavada con sus dedos en la pantalla y con el pie en el acelerador, sin importar que unos segundos de distracción puedan dañar a alguien.

Olviden a la Osa, ¡a cualquier peatón o ciclista que pase en frente lo podría matar!

Detesto hablar mal de las mujeres al volante porque yo también manejo, y mi mamá y mis amigas, y porque, además, defiendo el hecho de que tenemos las mismas capacidades que los hombres para hacerlo. Pero la neta, la morra que les digo sí se ganó mis más horribles pensamientos, ¡ja!

Álvaro, un asiduo lector de este espacio, me escribió que un día contó que seis de cada 10 automovilistas que vio circulando en el Periférico iban con su aparatito; dice que son una de las “grandes epidemias modernas”.

Se supone que el Reglamento de Tránsito Metropolitano desde 2009 prohibió el uso de celulares y dispositivos mientras se conduce y que la multa va entre cinco y 10 salarios mínimos, o sea entre 320 y 640 pesos.

Yo creo que aunque esta mujer supiera —porque seguro lo ignora— que está prohibido ir chateando, le vale un soberano cacahuate. Mientras ella vaya feliz en su lata y texteando, que el mundo gire, ¿no?

Lo “bueno” es que no anoté las placas de su carro, si no menuda balconeada se llevaría esta irresponsable. Desafortunadamente, como ella hay miles, millones de automovilistas que todos los días nos ponen en peligro con el poder de un teléfono celular... A bientôt!!!

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