Los impuestos de la obesidad

Mar, 22/10/2013 - 05:00

Durante muchos años, la poderosa industria de los alimentos y bebidas ha evadido su responsabilidad en la pandemia de sobrepeso y obesidad. Con argumentos tales como: ningún alimento es malo, por definición todos los alimentos son buenos, satisfacemos los gustos de las personas, estamos comprometidos con la salud, minimizan y frustran los esfuerzos de los países para regular la venta de alimentos ricos en azúcar, grasas y sal, y los intentos por equilibrar las fuerza del mercado y beneficiar a los consumidores.

La reciente aprobación del impuesto especial por la Cámara de Diputados a bebidas azucaradas y comida chatarra ha despertado como era de esperarse una fuerte oposición de la industria para que no lo apruebe la Cámara de Senadores y se sabe que preparan un amparo para revertirlo.

Uno de los aspectos valiosos de toda esta discusión es que nos da la oportunidad de debatir y reflexionar sobre las políticas públicas para el combate a la obesidad. Los hechos están a la vista de todos, el aumento de peso de la población no se puede ocultar, como tampoco las fuertes y agresivas campañas publicitarias para que se consuman alimentos que dañan la salud y para que en lugar de percibirlos como un riesgo, les tengamos hasta gusto y cariño.

Y es que en lugar de ofrecer información clara sobre el contenido nutricional, nos venden la idea de que compramos estatus, cariño y hasta felicidad. Lo que también es muy evidente es la falta de compromiso de la industria alimentaria por ofrecer opciones de alimentación más saludables.

Para que se pueda resolver el grave y creciente problema de sobrepeso y obesidad, es necesario contar con acciones integrales que ayuden a modificar el comportamiento individual, familiar y comunitario.

Es cierto que por sí solo el impuesto no va a cambiar los malos hábitos de alimentación, pero definitivamente es un gran paso con una nueva actitud del gobierno en el que se reconoce que lo que se haga en otras Secretarías como la de Hacienda, puede ser un poderoso condicionante social a la salud. Además de las Secretarías de Salud y Educación, existen otras que tienen una influencia en los condicionantes para el sobrepeso y la obesidad: las Secretarías de Economía; la de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación; la de Desarrollo Social y las Comisiones Nacionales de Agua y la del Deporte.

Así como debe haber políticas públicas para disminuir el consumo de azúcar, grasas y sal en bebidas o alimentos, debe haber otras para aumentar la disponibilidad, accesibilidad y promoción del consumo de frutas, verduras, leguminosas, granos enteros y fibra en la dieta.

Y ya que se va a tener un impuesto especial a la comida chatarra y para que no quede duda de cuáles son estos productos, valdría la pena implementar el etiquetado nutricional con semáforo de colores. Se trata de un código simple en el que los alimentos más sanos como frutas y verduras tienen un color verde, el amarillo es para aquellos con un contenido menos sano y el rojo para los que tiene poco o ningún valor nutricional. Hay estudios que muestran que este sistema de etiquetado es efectivo para ayudarnos a tomar decisiones más informadas y saludables.

Sí hay alimentos malos, y son los que nos llevan a los malos hábitos alimentarios que afectan nuestra salud.

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