Los petardos de Gabino

Mié, 22/07/2015 - 05:00

El decreto que reforma al Instituto Estatal de Educación Pública de Oaxaca, publicado el lunes por el gobernador Gabino Cué, pretende, en términos prácticos, arrebatarle a la Sección 22 del SNTE (parte medular de la rebelde CNTE), el control político-administrativo que ha ejercido desde que se creó (el IEEPO) en 1992.

De esa manera, romperá prácticas como el manejo clientelar de plazas y abrirá una mayor intervención federal (en un sistema educativo descentralizado), con el prioritario objetivo de aplicar cuanto antes las disposiciones de la Reforma Educativa, atoradas por el activismo, cada vez más contestatario y violento, del magisterio oaxaqueño.

El anuncio de Cué es producto de la presión federal para que se cumpla en Oaxaca la repetidamente pospuesta reforma educativa, lo que está en el mayor interés del gobierno de Peña Nieto. De ahí que el formato mediático para anunciarlo, llevara el acompañamiento del secretario de Educación Pública, Emilio Chuayfett y del vocero del gobierno federal, Eduardo Sánchez.

Ni el gobernador ni sus acompañantes mencionaron a la Sección 22, pero el discurso de los funcionarios federales incluyó algunas frases clave para inferir hacia dónde iba el mensaje: “basta ya de presiones y chantajes”, advirtió Sánchez, mientras que Chuayfett se ocupó de dejar muy claro que en la estructura directiva y administrativa del nuevo IEEPO no habrá maestros sindicalizados. Otra declaración clave, que dimensiona los términos del conflicto, fue la primera respuesta del líder de la Sección 22, Rubén Núñez: “no nos arrebatarán lo que nos pertenece”.

Cué, por su parte, mantuvo sin cambios la línea discursiva que ha mantenido durante toda esta crisis, el llamado a la legislatura local a sacar adelante, cuanto antes, una Ley Estatal de Educación. Evitó así la confrontación directa con un magisterio que, por haber apuntalado decisivamente su llegada al poder, lo ha mantenido prácticamente secuestrado, inmovilizado en ese y muchos otros temas, arrinconado, de hecho, en la ingobernabilidad, al grado de venir a decirle a la Comisión Permanente que fue rebasado.

Su gestión ha sido eso, ingobernabilidad, y en ese contexto no ha dejado de mentir. Una peligrosa señal de que estaría por volver a hacerlo, es que haya mantenido como director del nuevo IEEPO a Moisés Robles, el mismo burócrata gris que hasta ahora lo encabezaba y que, por lo tanto, era parte de los mecanismos de chantaje que a través de él se ejercían. Francamente no se entiende que el sepulturero sea el encargado de la resurrección. No parece caber duda que es un petardo mediático de Cué, una engañifa, una estafa, una petardeada más de Gabino.

No es menor, por supuesto, la fuerza de los maestros afiliados a la Sección 22. Con más de 70 mil, han hecho de la movilización una herramienta para obtener conquistas sindicales, sindicales sí, pero también para chantajear a gobiernos y obtener privilegios. De ahí que su primera reacción fuera bloquear avenidas y centros comerciales oaxaqueños, para después convocar a un paro indefinido en Oaxaca, Chiapas, Michoacán y el Distrito Federal. Se vislumbra, así, una confrontación violenta que podría tirar al gobierno de Cué.

Es difícil no estar a favor del argumento de que no es posible que la educación de nuestros niños, esté sometida a huelgas y/o a la demeritada calidad de quienes más se dedican a protestar que a enseñar. Pero eso no debe llevar a que se soslaye un argumento de fondo del magisterio disidente.

El sentido común dicta que una reforma educativa es el cambio de un modelo de enseñanza: de su contenido y su método pedagógico. ¿Eso fue nuestra reforma educativa? Creo que no. Más bien se trató de un esfuerzo, válido sin duda, de restarle a la organización sindical (la oficial y la disidente), el poder que no ha dejado de ejercer sobre la administración y control del sistema educativo. Para conseguirlo, puso por delante el tema de la evaluación, otro tópico contra el que difícilmente se podría estar en desacuerdo.

Pero aquí cabe la pregunta: ¿en relación con qué modelo y programa se evalúa a los maestros? No hay de otra: en relación con el mismo que no se ha cambiado y que ha mostrado su inoperancia. Está bien que en una relación laboral el gobierno no permita que se le suban a las barbas los servidores públicos a los que paga, pero ¿no cree usted, estimado lector, que antes de cambiar la relación laboral debió modificarse el modelo educativo? Es ahí donde creo que asiste la razón a la disidencia magisterial, sin que eso quiera decir que esté de acuerdo con sus métodos de control y chantaje.

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