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La conexión Chicago

Lun, 22/02/2016 - 04:00

En diciembre de 2014, fueron detenidos en Chicago, Pablo Vega Cuevas, de 40 años, Alejandro Figueroa, de 37, y otros cuatro mexicano-estadounidenses, acusados de narcotráfico.

La investigación, radicada en una Corte estadounidense desde hace poco más de un año, ha puesto al descubierto una estructura de transporte por tierra para el traslado de toneladas de goma de opio y heroína desde Iguala hasta Chicago. Cuevas y Figueroa crearon, incluso, dos empresas legales (Monarca, en Zacatecas, y Vulcano, en Guanajuato,) para mover la droga hacia la metrópoli estadounidense y regresar a México millones de dólares en los mismos vehículos.

A la red se sumaron, poco a poco, autobuses foráneos de otras empresas, así como camiones de carga. Compartimentos secretos llamados ‘clavos’ por los narcotraficantes, eran utilizados, y se cree que siguen siendo, para esconder la droga; aunque la efectividad del sistema radica más bien en los miles de millones de pesos que los cárteles, en este caso ‘Guerreros Unidos’, distribuyen entre autoridades y policías, para evitar en prácticamente toda la ruta, la revisión en retenes militares o policiacos.

La escucha de conversaciones de telefónicas de Vega Cuevas realizada por agentes de la DEA, les permitió descubrir la referida estructura del trasiego de goma de opio y heroína, asegurar almacenes de la droga en Aurora, Batavia y otros suburbios de Chicago, así como identificar que el punto de partida era Iguala.

¿Por qué la ciudad guerrerense? Porque ahí se concentra la mayor producción de opiáceos del país; porque la heroína guerrerense alimenta a más de la mitad de los adictos que hay en Estados Unidos; y porque autoridades locales y estatales, si no es que hasta las federales, están bien ‘aceitados’ para ‘hacerse de la vista gorda’ y dejar pasar los cargamentos.

La investigación de los hechos de Iguala ocurridos la noche del 26 al 27 de septiembre de 2014, con saldo de seis muertos, 40 heridos y 43 normalistas de Ayotzinapa desaparecidos, viene a confirmar la operación de ese mecanismo de trasiego de droga y la complicidad de autoridades de todo nivel para dar paso libre a autobuses cargados de droga y dinero.

En ese contexto, el móvil del caso Iguala podría estar relacionado con esa red de tráfico de heroína. La desmedida reacción de las policías en Iguala al grito de “¡Párenlos a como dé lugar!” se explicaría a partir de que entre los cinco autobuses “tomados” por los normalistas, iba uno cargado de heroína y ya con la orden de darle paso libre.

Por eso, el Grupo de Expertos Independientes de la Comisión Interamericana de los Derechos Humano ha insistido en la necesidad de profundizar en el llamado “quinto autobús”, el Estrella Roja 3278, que nunca fue identificado ni investigado como escena del crimen, no obstante que también fue “tomado” por los normalistas el día de los hechos, y respecto al que la PGR mintió en su momento al decir que fue “inutilizado” por los normalistas, por lo que no salió de la terminal.

La investigación del grupo de expertos mostró, meses después, que ese autobús sí había salido con “paso libre” y fue el único de seis que no fue atacado aquella terrible noche. Pero, peor aún, cuando los expertos solicitaron en julio de 2015 la revisión física del Estrella Roja 3278, les fue presentado un vehículo que no era el original, sino otro con el que se pretendió suplantarlo.

El Grupo de Expertos reiteró en el informe que presentó la necesidad de profundizar en la hipótesis del quinto autobús, fundamental para esclarecer lo ocurrido y determinar el paradero de los 43 normalistas.

En ese sentido confirmó que, por fin, después de tanta insistencia, la PGR ya solicitó oficialmente el pasado lunes 15 de febrero, copia de la investigación de la Fiscalía de Chicago que, a su juicio, tiene información importantísima como para darle un vuelco a las pesquisas realizadas en nuestro país.

Más allá de este hecho concreto, podría demostrarse también que las maniobras para encubrir esta red de distribución de heroína, la conexión Chicago, explican los cientos de muertos, enterrados en fosas clandestinas y desaparecidos en el municipio de Iguala desde varios meses antes de la brutal agresión a los estudiantes de Ayotzinapa que destapó esta historia de horror e impunidad.

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