La reforma al campo mexicano

Jue, 21/08/2014 - 05:00

Si bien es cierto, el Presidente de la República, Enrique Peña Nieto, señaló que se han acabo en el Congreso de la Unión una serie de grandes reformas que transformarán el futuro del país, la próxima gran reforma que tenemos a la vista es la del campo mexicano. Dice el dicho: “A Dios rogando y con el mazo dando”, por eso creo que no basta sólo con la buena voluntad, sino que en verdad hay que realizar acciones ciertas y concretas que permitan modificar la problemática existente. El desarrollo o la existencia de hombres, lugares y eventos constituye una forma de declarar nuestro reconocimiento y compromiso por las causas que le dan sentido a nuestro actuar cotidiano.

Considero que no podemos omitir, en este gran proyecto que encabeza el Presidente, los cambios que harán del campo un espacio fundamental, ya que la relevancia viene desde nuestras costumbres y tradiciones; es un símbolo de nuestra identidad al estar en el centro y origen de nuestra propia historia. Es nuestra cultura, fuente primigenia del arte mexicano y de nuestra conciencia nacional: parte inseparable de nuestra realidad y de nuestra imagen ante el mundo.

El campo es además una actividad central en la existencia del México de hoy; en la subsistencia de los mexicanos; es, desde hace tiempo, el tema impostergable en la agenda y el compromiso fundamental con nuestra sociedad. En el país más de 6 millones de mexicanos dependen del sector agrícola para subsistir y en su mayoría son pobres. El 80% de la pobreza extrema de México se concentra en localidades rurales y, a pesar de los esfuerzos presupuestales realizados en los últimos años, dicha situación no ha podido ser revertida.

La condición del campo mexicano es complicada, la pobreza rural se ha agudizado, las familias se desintegran a consecuencia de la migración y la soberanía alimentaria se ha debilitado durante los últimos años. Nuestro sector agrícola está lejos de ser el pilar de desarrollo que sirvió para financiar la capitalización de la industria mexicana durante el siglo pasado y observamos con tristeza que mientras la producción de granos ha caído, las importaciones de maíz han ido en aumento.

En este contexto, la reforma debe ser reflexión y comprensión sobre el significado que el sector rural tiene para nuestro país. Es momento de plantear una visión integral de desarrollo para nuestro país que apoye a los productores del campo; pero sobre todo que lo haga productivo, rentable y sustentable. Desde el Senado de la República apoyamos al campo mexicano para que sea un sector clave para construir un México próspero y de mayores oportunidades.

México tiene el capital humano y los insumos suficientes para convertirse en una potencia agrícola. Es momento de hacer del campo un modo de vida digno para los campesinos, de recuperar nuestra soberanía que nos permita producir alimentos baratos y de buena calidad. Experimentamos una etapa de transformaciones en nuestro país en la que los representantes de las diversas fuerzas políticas coincidimos en la voluntad de realizar los cambios necesarios para beneficiar a todos los mexicanos. Como en diversos sectores, en materia rural se han discutido propuestas específicas para cumplir con la deuda existente en el campo mexicano.

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