Los más picudos

Jue, 21/04/2016 - 05:00

Cuando en los medios escuchamos términos como: calidad del aire, contaminación atmosférica, contingencia ambiental y otros, sentimos que algo no anda bien, pero no sabemos a ciencia cierta qué ocurre a nuestro alrededor: qué es lo que respiramos y si ese "aire" puede dañarnos. Tampoco alcanzamos a mirar cuánta responsabilidad tenemos cada cual en la generación de ese "aire".

En el folleto "Contaminación atmosférica en la Zona Metropolitana (ZMVM)", editado en 2014 por el Instituto Politécnico Nacional (IPN) y coordinado por Héctor Mayagoitia, se halla un excelente recorrido que bien podría titularse "Todo sobre la calidad del aire en la Ciudad de México". (http://www.sustentabilidad.ipn.mx)

En esa liga encontramos la versión en PDF del folleto impreso y ahí leemos que lo que conocemos como aire puro se compone de: "78% de nitrógeno, 20.9% de oxígeno (y el porcentaje restante es) vapor de agua y minúsculas cantidades de bióxido de carbono y gases raros" (como el argón).

Nuestro modo de vida (es decir, de producción) está hecha para el consumo en masa; o sea, industrial.

Actualmente, además, esa producción se basa cada vez más en el conocimiento científico y en la aplicación concreta de ese conocimiento (la tecnología) para crear y satisfacer necesidades... que son insaciables.

Un consumo muy socorrido es el del automóvil (y todo tipo de vehículo de combustión interna), genuino símbolo de nuestra civilización individualista, capitalista, consumista que debe ser renovado cada cierto tiempo, ya sea porque deja de funcionar o para tener más probabilidades de pasar la verificación y circular todos los días. Bueno, ya no.

El aire se contamina en las grandes urbes a causa de estas dos fuentes: industria y automóvil. Son ellos los que aportan las mayores cantidades de contaminantes, a través de la quema de petróleo, gas y carbón que son expulsados al viento; sólo que como pesan más no se dispersan fácilmente. Los principales contaminantes y sus fuentes son:

Monóxido de Carbono (CO), automotores; Bióxido de Azufre (SO2), plantas termoeléctricas; Bióxido de Nitrógeno (NO2), hornos y turbinas; hidrocarburos, en especial los compuestos orgánicos volátiles (COV), industrias y talleres de hojalatería y pintura; Ozono (O3), "originado por la reacción fotoquímica de algunos hidrocarburos con óxidos de nitrógeno y en presencia de rayos ultravioleta" (UV), finalmente, las partículas en suspensión totales (PST), que son pedacitos microscópicos (de 1 a 100 micras) de Plomo (Pb), polvo u hollín derivados de la industria y los vehículos.

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