El fuego destruyó el ADN y ¿la investigación?

Los científicos austriacos del prestigiado Instituto de Medicina Forense de la Universidad de Innsbruck no lograron identificar 16 restos humanos recogidos por peritos de la Procuraduría General de la República en el basurero de Cocula, Guerrero.

El doctor Richard Schweithauer, director del Instituto, concluyó que con la técnica empleada, “los análisis no arrojaron resultados satisfactorios”, ya que no se encontró cantidad útil de ADN para obtener un perfil genético que pudiera corresponder a alguno de los 42 normalistas de Ayotzinapa desaparecidos hace casi cuatro meses.

El dictamen de trece páginas, divulgado ayer por la PGR (aunque “entregado en días pasados”, según consigna su comunicado), establece que “el calor excesivo ha destruido el ADN y el ADN mitrocondrial en los restos, por lo menos hasta el punto en que los métodos rutinarios no pueden emplearse para un análisis exitoso”.

Ese método rutinario, por cierto, fue el que sí permitió a esos mismos forenses austriacos la identificación de uno de los desaparecidos, Alexander Mora Venancio, anunciada el pasado 5 de diciembre.

Los forenses austriacos plantean, no obstante, la posibilidad de utilizar una tecnología novedosa llamada “Secuenciación Masivamente Paralela” (MPS) que podría servir como una herramienta útil para seguir investigando los 16 restos humanos.

La MPS tiene una ventaja: “sus especificaciones técnicas son más prometedoras que cualquier otro método de identificación molecular existente”. Y una desventaja: “se corre el riesgo de que los extractos de ADN sean consumidos sin obtener ningún resultado adicional”.

¿Qué no el calor excesivo ya había destruido el ADN de los restos, según dice el mismo dictamen? Parece que el Instituto Forense de la Universidad de Innsbruck y la PGR nos deben una explicación más clara y más amplia de este complejo asunto.

El hecho es que con uno de los restos sometidos a determinada técnica, sí fue posible la identificación de uno de los desaparecidos; en tanto que con los otros 16 restos y esa misma técnica, no fue posible la identificación de los otros 42 jóvenes.

Ayer mismo, el procurador general Jesús Murillo Karam rechazó enfáticamente que los resultados de este análisis tiren su investigación sobre los normalistas y dijo, entre soberbio y molesto: “Lo de Innsbruck nos arroja hasta ahora al menos una prueba plena de que ahí (en Cocula) sucedió lo que sucedió”, dijo.

“Sucedió lo que sucedió”, pues sí, igual que ayer, en el Distrito Federal o en cualquier otra parte del Universo sucedió lo que sucedió en determinado momento. No parece que haya sido una perogrullada del procurador. Lo que para él sucedió en Cocula (y seguramente lo que quiso decir o ¿no lo quiso decir?), es que 43 normalistas secuestrados por policías y entregados a delincuentes, fueron incinerados (algunos vivos, otros ya muertos) en un basurero de esa localidad guerrerense.

En todo caso, señor procurador, y con las periciales genéticas en mano, lo que sucedió en Cocula fue la muerte de Alexander Mora Venancio, sin que, por cierto, se haya descartado, absolutamente, la posibilidad de que los restos a él correspondientes hayan sido arrojados en ese lugar después de su muerte. No hay hasta ahora, por lo demás, evidencia científica contundente de que ahí hayan sido quemados los otros 42 normalistas como sugieren las confesiones de detenidos y otros periciales.

2. COCHINITA. Y ya que andamos en el tema, Yucatán iniciará la exportación de cerdo a China y utilizarán el excremento porcino para generar energía.

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