El Grito

Vie, 20/09/2013 - 05:00

La policía desalojó a los maestros de la CNTE. El argumento a favor de la represión fue que la gente quería participar en la tradicional ceremonia de El Grito de Independencia en el Zócalo capitalino. Sin embargo, cuando Peña Nieto salió al balcón presidencial vio que la principal plaza pública del país lo recibió medio vacía, el pasado 15 de septiembre.

En un primer momento, se llegó a decir que sólo acudieron al ceremonial 8 mil personas. Luego se afirmó que en total acudieron 50 mil. Ambas cifras contrasta con la afluencia de 90 mil que normalmente acude al Grito.

Lo cierto es que las cámaras del Centro de Producción de Programas Informativos y Especiales (Cepropie), instancia de la Secretaría de Gobernación encargada de la transmisión del acto, que tradicionalmente se da gusto mostrando panorámicas de la plancha del Zócalo repleta, en esta ocasión se limitaron a mostrar tomas cerradas de los asistentes y a lo mucho encuadres que sólo dejaron ver la mitad de la plaza.

Ahí se vieron las personas pagadas por el PRI del Estado de México, “acarreadas” para corear los vivas que, de manera insólita, fueron leídos por el hombre de la banda presidencial.

Peña Nieto no llenó el Zócalo el 15 de septiembre. No lo hizo porque la represión no es un buen mensaje para la ciudadanía. Más que poder, el uso de la fuerza por encima de la negociación política transmite un mensaje negativo.

La gente tampoco acudió a la ceremonia del 15 de septiembre porque en lo que va de su administración, Peña Nieto se ha limitado a acordar con las cúpulas políticas que forman el Pacto por México y nunca ha volteado a escuchar a la ciudadanía.

Pocos inicios de sexenio han sido tan agresivos para las familias: carestía, desempleo, pérdida de derechos laborales, violencia delincuencial e institucional, represión y, más recientemente, la amenaza de la privatización del petróleo y de un agresivo incremento de impuestos que abarca IVA al alquiler de vivienda, créditos hipotecarios y colegiaturas, entre otros rubros, lo que pone de espaldas a la pared a las clases populares y medias.

El Zócalo no se llenó porque es imposible tapar el sol con un spot. Si la gente no quiso oír el Grito, Enrique Peña Nieto debería comenzar a escuchar los gritos de la ciudadanía.

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