La consumación

Mié, 20/08/2014 - 05:00

Desde que se firmaron los 95 compromisos del Pacto por México, señalé que entre los compromisos más preocupantes destacaban los relativos a energía, pues frente a la correlación de fuerzas existente en el Congreso significaba abrir más la puerta al proceso de privatización de nuestra industria petrolera. También fue tramposo decir, como se planteó en dichos compromisos, que con la reforma energética “se ampliaría la capacidad de ejecución de la industria de exploración y producción de hidrocarburos”. Cuando se habla de industria de exploración y producción, se habla de la industria mundial, de las trasnacionales, de las grandes petroleras como British Petroleum, Schlumberger, Weatherford, Halliburton, Exxon o Shell, algunas de ellas, por cierto, desde hace varios años metidas en el paleocanal de Chicontepec. La historia nos enseña que no se puede salir del subdesarrollo vendiendo la materia prima y mucho menos vendiendo recursos no renovables, como es el caso de los hidrocarburos.

La prueba de ello está con lo sucedido en México a raíz del “boom petrolero” en el sexenio de José López Portillo, quien por cierto dijo que “defendería el peso como un perro” y finalmente devaluó la moneda. ¿No que íbamos a aprender a administrar la riqueza? Para no ir muy lejos veamos el caso de Vicente Fox y los dos primeros años de Felipe Calderón, donde a pesar de que hubieron casi 700 mil millones de pesos de excedentes petroleros, jamás se vieron reflejados en la supuesta bonanza que genera la exportación de hidrocarburos. Lo peor del caso es que con la reforma pretenden compartir las utilidades de este recurso no renovable con los “contratos de producción compartida” y los “contratos de utilidad compartida” aprobados por los legisladores.

Además, se ve que el Ejecutivo tiene mucha prisa por extraer el combustible del subsuelo para vendérselo a nuestros vecinos del norte, que cuentan con una demanda energética insaciable. No le importa a Peña Nieto que se nos acabe el petróleo, para él es primordial ayudar a que no baje el nivel de despilfarro que caracteriza a los gringos, para lo que necesitan una gran cantidad de hidrocarburos. “Pobre México, tan lejos de Dios y tan cerca de los Estados Unidos”.

 
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