A 30 años de los sismos

Vie, 18/09/2015 - 05:00

Se cumplen 30 años de los sismos de 1985. Aquel fenómeno natural que cimbró la capital y cimentó las bases de una sociedad civil organizada y participativa más allá del gobierno.

A tres décadas de los terremotos, podemos decir que la reconstrucción de la ciudad fue una hazaña de los capitalinos. El derrumbe de edificios y lugares emblemáticos fue solventado con el levantamiento de brigadas y organizaciones sociales que por toda la ciudad removieron escombros, retiraron piedras, salvaron vidas y fueron abriendo nuevos cauces para la participación ciudadana.

Hoy, a la luz de los hechos, podemos decir que a la organización ciudadana y popular, durante 1985, se abrieron las veredas que permitieron el tránsito de la democratización del país.

La organización del movimiento urbano popular y las demandas de vivienda digna ante la catástrofe marcarían en la memoria de la cuidad las posibilidades de unidad y coordinación amplia que unos pocos años después se reflejarían en la movilización por la universidad pública del CEU, el movimiento magisterial, la creación de organizaciones no gubernamentales o la conformación del Frente Democrático Nacional.

Todo ello tiene sus antecedentes en la organización de la sociedad civil que creó abrigues, recolectó víveres, ropa y medicinas, que buscó y rescató a cientos de personas. La sociedad civil se confrontó y sobrepuso a la ineficiente e indiferente acción del gobierno del priista Miguel de la Madrid.

La colectividad que se congrega en el 85, decía Carlos Monsiváis, lo hace “sin debates previos, sin precisiones conceptuales... si la sociedad civil es todavía una idea imprecisa, los cientos de miles que se consideran sus representantes le otorgan energía y presencia irrebatibles”. Esta sociedad civil sobrevive al presidencialismo y su capacidad de cooptación, y supera la idea de que la ciudadanía debe esperar que el gobierno se haga cargo y encuentre las soluciones.

Treinta años después, la sociedad civil sigue organizándose y reclamando soluciones. El paralelismo del 85 con el momento actual está justamente en la de tener un gobierno prepotente e ineficiente que considera a la ciudadanía un instrumento para legitimarse y no a quienes debe rendir cuentas.

La impunidad y la crisis que vivimos hacen que la sociedad civil sea más necesaria que nunca. Ante el embate de las reformas estructurales y los golpes a la soberanía nacional, la sociedad civil responde con organización y esperanza.

En 1985, los sismos abrieron una grieta que no puede taparse con demagogia, la democracia como forma necesaria de gobierno no es una ilusión, sino un fin por el cual la sociedad mexicana sigue organizándose y luchando de manera pacífica. Por esa vía se construirá un Nuevo México, un país para todos y todas que recordará siempre que hace 30 años nos levantamos de entre las ruinas y seguimos organizándonos por un cambio verdadero.

 
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