¡Aumento salarial y comedores comunitarios!

Mientras el gobierno federal se obsesiona por impulsar una telenovela cara y espectacular, olvida los problemas de la gente. La carestía en alimentos es el tema que angustia a las familias mexicanas en las últimas semanas. Sin embargo, Peña Nieto ni sufre ni se acongoja, no hace nada por solucionar el alza en el precio de los alimentos.

En la República del spot y la inserción pagada todo está en calma. Los abajofirmantes del Pacto por México comen bien y tres veces al día.

Al principal socio mediático del régimen le toca un “descuento” en impuestos por más de 3 mil millones de pesos. A la gente le toca ver los spots de la Cruzada contra el Hambre y un aumento salarial para este año de apenas 2 pesos con 32 centavos.

Sin embargo, aunque Peña Nieto y el Pacto por México quieran tapar el sol con spots, la realidad se impone cuando las familias van al mercado y se enteran que para almorzar unos huevos rancheros tienen que gastar 30 pesos con 16 centavos más que a principio de año y que el incremento al salario es de poco más de 2 pesos.

Esta realidad no sólo es visible para quienes sí son “las señoras de la casa”. Recientemente la revista Forbes (que para nada puede tacharse de crítica al gobierno) publica que en 1987 la canasta básica en México tenía un costo de 3 pesos con 95 centavos y el salario mínimo de 6 pesos con 47 centavos, mientras que en 2012 la canasta básica tenía un costo de 188 pesos con 89 centavos y el salario mínimo representaba 62 pesos con 33 centavos.

Eso quiere decir que mientras en 1987 se podían comprar casi dos canastas alimentarias con un día de salario mínimo, hoy dicho ingreso mínimo alcanza sólo para comprar un tercio del paquete alimentario básico.

Debido a la falta de interés del gobierno federal ante la carestía, Morena propone implementar un aumento emergente a los salarios para poder amortizar el costo de la inflación, así como la instalación de comedores comunitarios financiados por gobiernos estatales y municipales. La experiencia del gobierno de la ciudad de México demuestra que los comedores son viables económicamente y efectivos en el cumplimiento del objetivo de asegurar la alimentación a las familias más necesitadas.

Para impulsar una política alimentaria de fondo también es necesario revisar temas como las medidas arancelarias, la inversión pública en el campo, así como los apoyos a campesinos y productores agropecuarios.

Estas medidas en su conjunto son posibles y financieramente viables. Aplicarlas depende de una decisión política. Si se deja de derrochar el dinero en gastos superfluos se podría solventar en lo inmediato el hambre de la gente. El monto del lujoso avión presidencial y la cantidad condonada a Televisa por el SAT bien aprovechados alcanzarían para dar de comer todos los días a las más de 7 millones de personas que viven en pobreza alimentaria.

El aumento emergente al salario tampoco representa un riesgo, ni es sinónimo de inflación. Los 30 años de neoliberalismo en México así nos lo demuestran ya que en estas décadas los ingresos de los trabajadores siempre han sido menores al incremento de los precios y el encarecimiento de la vida no ha parado. Al contrario: de 1976 a la fecha la gente ha perdido casi 80% de su poder adquisitivo.

Las cifras son contundentes y provocan angustia, casi tanta como la que produce la pasividad de Peña Nieto ante los aumentos de precios.

Me recuerda la anécdota de María Antonieta en las épocas previas a la Revolución francesa, quien ante los reclamos de la gente por la falta de harina y trigo para elaborar pan se limitó a exclamar: “Si no tienen pan, ¡que coman pasteles!”. ¿Qué le contestará el inquilino de Los Pinos a los mexicanos?

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