Échenle la culpa al diablo

Lun, 16/03/2015 - 05:00

Mucho aportó al conocimiento de la personalidad y el entendimiento de la pastoral del papa Francisco, la espléndida entrevista que Valentina Alazraky le hizo al jefe de la Iglesia católica, y que Televisa presentó en dos partes jueves y viernes pasados; y Foro TV transmitió íntegra ayer domingo por la tarde.

Queda claro que para Alazraky esta exclusiva mundial fue la culminación exitosa de muchos años de trabajo y aprendizaje sobre El Vaticano. Para éste, a la vez, fue una forma diplomática de dar cara a dos asuntos que hirieron la susceptibilidad del católico pueblo mexicano y de su gobierno: 1. La reciente confirmación de que el Papa no vendrá este año a México; y 2. El uso, por parte de Francisco, de la palabra “mexicanizar” como sinónimo de que las instituciones han sido penetradas y dominados por el narcotráfico.

Las respuestas que dio sobre esos dos temas fueron convincentes: 1. Que México es tan especial para el Papa y su Iglesia, que merece una visita de por lo menos una semana y no una escala brevísima de paso hacia otro destino; y 2. Que usó el término “mexicanizar” para ejemplificar los grandes daños que causa el narcotráfico, no para ofender o estigmatizar al país y a su pueblo.

Pero la entrevista de Alazraky tiene también el mérito de mostrarlo más humano, más cercano a la gente, sencillo y entusiasta, características necesarias para reposicionar una religión, la católica, que pierde a velocidad alarmante feligresía y vocaciones.

Por eso fue grato escucharlo argumentar el por qué no se sube al Mercedes oficial del Vaticano y prefiere un utilitario Ford de los que puede comprarse a crédito un empleado bancario. Y fue reconfortante oírlo hablar de sus neurosis, tan humanas, en su caso la de viajar, que no le gusta, como tampoco le gusta quedarse en el apartamento papal del Palacio Apostólico, no por lujoso —que niega lo sea—, sino porque no soporta estar solo y prefiere la compañía y el barullo de la residencia Santa Marta.

También fue grato escucharlo reírse de sí mismo y de sus paisanos, al señalar lo engreídos que son los argentinos y preguntar: —“¿Usted sabe cómo se suicida un argentino?— “para responder: “Se sube a lo más alto de su ego y desde ahí se lanza al vacío”.

Y en asuntos más de fondo, fue muy interesante escuchar las razones que animan a Francisco a cambiar (“sanear”, dijo) la Curia Romana y promover entre los cardenales la valentía y el coraje requeridos para que confronten al Papa y le digan, frente a frente, los temas con los que no están de acuerdo.

La entrevista también dejó ver a un personaje franco, pero con la sutileza de un excelente diplomático, al calificar de “gran enfermo” al padre Marcial Maciel, fundador de los Legionarios de Cristo y equiparar a los curas pedófilos con “antropófagos” que “devoran y destruyen” a los jóvenes víctimas de la pederastia.

Hubo, sin embargo, respuestas de la entrevista que, en opinión de quien esto escribe, fueron insuficientes, limitadas, dogmáticas. Un ejemplo: atribuir al diablo la dolorosa desaparición de los 43 de Ayotzinapa y la violencia que no deja de desangrar al país.

¿Por qué el diablo nos “carga bronca”?, según el Papa. Porque no nos perdona que aquí haya venido a aparecerse la Virgen de Guadalupe.

El mal existe, es indudable, y su representación es Satanás, el diablo. La catequesis o una homilía podrían aguantar el argumento pero, en este caso, faltaba poner el dedo en la corrupción, la infiltración en el gobierno de la delincuencia, la pobreza, el hambre, la confrontación ideológica y la desigualdad, como algunas de las causas que llevaron al estallido por la desaparición de los 43 y por la violencia que prevalece en nuestro país.

Sería tanto como aceptar ese “dicho-lugar común” de que pese a sus graves problemas, México no desaparece por obra y gracia de la Guadalupana. Pero sería al revés: todos los problemas de México son por la virgen morena, pues por venir a aparecer aquí, Satanás le tiene envidia y nos carga calor.

En cualquier de los dos sentidos es como llevar a tiempos no terrenales problemas vigentes que pueden y deben ser cambiados, atendiendo objetivamente las razones que los ocasionan y no esperando a que la envidia del diablo nos tenga en el despeñadero y la Virgen no se anime a derrotarlo definitivamente.

@RaulRodriguezC

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