No se deje distraer

Vie, 15/01/2016 - 04:00

La telenovela que se ha armado a partir de una relación personal y acaso de negocios —lo que estaría por probarse—, entre Kate del Castillo y Joaquín Guzmán Loera, tiene tanto de escándalo y chisme, que atrapa la atención y distrae el análisis de lo que verdaderamente debería importarnos como sociedad y nación: la incontenible penetración del narcotráfico en prácticamente todos los ámbitos de nuestra vida.

En las anteriores dos columna se intentó narrar la manera en que tejieron el vínculo la actriz y el capo, porque de los contactos a los que dio lugar, salió la punta de la madeja de la que tiró el gobierno de Peña Nieto para ubicar y recapturar a ‘El Chapo’.

Kate, como cualquiera, puede relacionarse con quien se le dé la gana y, claro, asumir las consecuencias si el vínculo deriva en hechos delictivos comprobados.

Podría pensarse, por otra parte, que su éxito en la serie de TV, La Reina del Sur, la mimetizó con su personaje. Una actriz o un actor deben ser sensibles a determinados medios y personas que los habitan, para poder representar correctamente su papel. Pero los histriones deben, es de suponerse, entrar y salir de las caracterizaciones. Si algunos se clavan, como podría ser el caso, es por resortes emocionales que más bien tienen que ver con historias propias del diván de un psicoanalista.

Ahora bien, esta relación, en términos prácticos, tenía beneficios en el corto plazo a partir de la realización de una película que presumiblemente sería muy exitosa (con todas sus consecuencias en dólares), si nos atenemos a los resultados de audiencia y publicidad de la misma Reina del Sur, Pablo Escobar: el Patrón del Mal o El Señor de los Cielos; y la fascinación que desata en muchos y muchas ese medio violento, sangriento, dionisiaco, poderoso y corruptor que retratan.

Y ahí entran otros componentes de la condición humana: la ambición, la soberbia y la vanidad, pecados que también llevaron a ‘El Chapo’ a relajar su seguridad. Él ya se veía interpretándose a sí mismo, al igual que el ya legendario criminal colombiano Pablo Escobar.

El mismo día de la detención, la procuradora Gómez se refirió al tema de la película autobiográfica de Guzmán Loera y a la manera que los contactos establecidos para su realización sirvieron para lograr la recaptura. Queda claro, por lo tanto, que el asunto formaba parte de la línea argumentativa del gobierno. Lo que no sé es si a esa línea estaba acoplada a la decisión de la revista ‘Rolling Stone’ de publicar la ‘entrevista’ que meses antes de la detención, le había hecho Sean Penn con la mediación de Kate. Infiero que no, por una simple razón: la reacción de los gobiernos de México y Estados Unidos.

La sola fotografía del actor y el evadido los puso en evidencia. La percepción de la gente no admite especulación: tantos soldados, tanta inteligencia, tanto espionaje en busca del al fugado y Kate y Sean pudieron llegar a él en un día, claro que con las facilidades que el capo les dio para lograr el encuentro, pero, repito, nada cambiará ya esa percepción popular.

Washington criticó el desplante y al gobierno de Peña Nieto se le aguó un festejo que ya había dado muestras obscenas: el canto del Himno Nacional cuando Osorio Chong dio a conocer la noticia ante embajadores y cónsules mexicanos, júbilo excesivo que no tenía razón de ser porque la recaptura simplemente enmendaba el error de la fuga. No creo, por eso, que se la perdonen a la actriz. Y ahí entra otra condición de la naturaleza humana: la de la venganza.

Pero verá usted que ya me distraje con este affaire del punto verdaderamente importante: el narcotráfico está metido hasta el tuétano en las instituciones y el cuerpo social. A éste hace que lo vea como la única alternativa para sobrevivir y tener éxito. A aquellas las corrompe y pone a su servicio.

Y en medio de esto hay pendientes: quiénes, al más alto nivel, facilitaron las dos fugas de ‘El Chapo’, quiénes, desde el poder político y económico, son los verdaderos jefes de los ‘Chapos’, los ‘Mayos’, los ‘Azules’, los ‘Carrillo Fuentes’, ‘Los Zetas’ y demás fauna. A esos es a los que hay que llegar, llevar a la justicia y castigar ejemplarmente.

Nuestros jueces, empero, ¿estarán en condiciones de procesar a estos y a aquellos? Me resisto a creer que no haya juzgadores honorables, incorruptibles, dispuestos a limpiar la corrupta casa. Me niego a creer que no podamos replicar experiencias como la italiana, donde jueces como Giovanni Falconi, Rocco Chinnici o Paolo Borsellino, pusieron coto a la mafia.

Qué importa Kate cuando nos convertimos en narco Estado.

@RaulRodriguezC

 
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