Con un vistazo a Asia-Pacífico

Jue, 14/08/2014 - 05:00

Los esfuerzos de acercamiento con la región no son nuevos. Desde las décadas de los sesenta y setenta, la Zona Asia-Pacífico surgió en la agenda de la política exterior mexicana. En los ochenta, el espectacular despegue de las economías del sureste asiático llamaron la atención del gobierno mexicano, dando inicio a un proceso de intensificación de los contactos bilaterales y de ampliación de la presencia diplomática y consular mexicana.

En 1993, el ingreso al foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC, por sus siglas en inglés), logró ubicar a México como un actor relevante en los procesos de diálogo y cooperación en la Cuenca del Pacífico. A partir del 2000, se emprendió un esfuerzo para introducir mayores elementos de institucionalización, continuidad y planeación estratégica en los vínculos con la región.

Algunos de sus resultados más notables de la integración de México fueron: la suscripción de un acuerdo de asociación económica con Japón; el establecimiento de la Comisión Binacional México-China; la reactivación de los contactos con India después de un prolongado estancamiento, y la decisión de negociar un acuerdo de complementación económica con la República de Corea.

La consolidación de la arquitectura regional en Asia-Pacífico no sólo ha permitido mantener la paz y la estabilidad, sino también construir una diversidad de espacios de diálogo e interlocución. El creciente peso económico y financiero de Asia ha alentado el desplazamiento del eje de la transformación del sistema internacional de Occidente a Oriente, destacando la creciente presencia de China e India en la economía mundial.

En la región persisten asuntos de carácter político que deben considerarse en la definición de los objetivos y de los medios de cómo alcanzarlos, en particular, con China e India, que se han consolidado como polos de poder, con la capacidad de influir no sólo en el ámbito económico y comercial sino en el mantenimiento de la paz y la seguridad regional e internacional.

Un ejemplo contundente de la buena relación de México con la región es China, nuestro segundo socio comercial a nivel mundial y el primero en Asia, con un comercio de más de 58 mil millones de dólares en 2011. Sin embargo, la balanza comercial con la región Asia-Pacífico es altamente deficitaria para México. Si bien el déficit se genera en gran medida por importaciones mexicanas de bienes intermedios y de capital que posteriormente se exportan a terceros mercados, el aumento de nuestras exportaciones e inversiones es determinante para el desarrollo de relaciones económicas sanas y mutuamente benéficas.

Atraer grandes inversiones chinas a México que puedan generar más y mejores empleos; así como promover mayor apertura del mercado chino a nuevos y competitivos productos mexicanos e impulsar el turismo chino en nuestro país, particularmente el de negocios. De acuerdo con el testimonio de especialistas, con la aprobación de la Reforma Energética, México puede consolidarse uno de los países beneficiados en las negociaciones de abastecimiento de gas en bloque con otras regiones. Este es otro paso más a la transformación que México requiere.

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