Tolerancia, un propósito de año para ser mejor

Pocas son las amenazas a la humanidad y a su desarrollo como la falta de respeto y la intolerancia que acompañan a la discriminación y a la violencia. Más allá de las teorías que la explican, son conductas que aprendemos en el hogar, en la escuela o en el ambiente cultural en el que crecemos.

De acuerdo con la Encuesta Nacional sobre Discriminación en México 2010, seis de cada 10 personas en nuestro país consideran que el nivel socioeconómico es el factor que más divide a la población; cinco de cada 10 opinan que las diferencias en los partidos políticos provocan divisiones; cuatro dan importancia a las diferencias en la educación, las preferencias sexuales, las ideas políticas o los valores, y por lo menos tres de 10 piensan que la religión, las etnias o venir de fuera son motivo de división.

Vale la pena insistir en que nuestras reacciones ante la diversidad son aprendidas, porque eso significa que también podemos enseñarnos a ser más abiertos, tolerantes e inclusivos. Detengámonos a pensar en qué es lo que sentimos cuando estamos en contacto con personas que tienen otras creencias, otro aspecto físico, otro sexo, otra preferencia sexual, una manera diferente de vestir o de comportarse. ¿Cuál es nuestra reacción?, ¿por qué reaccionamos así?, ¿quién nos enseñó a pensar así?, ¿somos racionales o irracionales cuando estamos frente a otro u otra diferente?, y finalmente: ¿a quién dañamos cuando somos intolerantes?

En salud, hay estudios que demuestran que las personas que se sienten discriminadas demandan menos atención médica y tienen mayores problemas de salud física y emocional, llegando incluso al suicidio. Los niños y niñas que son discriminados por cualquier factor, también tienen un menor desempeño escolar y mayor riesgo de sufrir acoso.

En nuestro país, se registran crímenes de odio contra personas homosexuales; tenemos muchas dificultades para aceptar la discapacidad, y la preferencia sexual o el aspecto físico son motivo frecuente de chistes y burla. Es un hecho que la intolerancia nos daña a todos al favorecer la falta de entendimiento y de oportunidades, y de limitar el desarrollo.

¿Qué es la tolerancia?

De acuerdo con la Organización de Naciones Unidas, la tolerancia es el respeto, la aceptación y el aprecio por otras culturas y formas de expresión de ser humanos. Es el reconocimiento de los derechos humanos universales y de las libertades de los demás.

Ser tolerante no significa que se deba renunciar a las convicciones personales, significa que toda persona es libre de tener sus convicciones y aceptar que otro tenga las suyas propias; significa que cada quien tiene derecho a vivir en paz y a ser como es.

¿Cómo ser más tolerantes?

La tolerancia se fomenta con el conocimiento, con la apertura de ideas, con la comunicación y con la libertad de conciencia. Para ello tenemos que dejar atrás los prejuicios y ser más empáticos, es decir, ponernos en los zapatos del otro, desarrollar la habilidad para comprender el punto de vista de otra persona, ser capaces de preocuparnos y tener compasión ante el sufrimiento ajeno.

Ser tolerantes y enseñar a nuestros hijos e hijas a ser tolerantes ante la diversidad, tiene ventajas en nuestras vidas personales y sociales, vale la pena tenerlo como un propósito más de este nuevo año.

Me despido con unas palabras de Albert Einstein: "Las leyes por sí solas no pueden garantizar la libertad de expresión, para que cada persona pueda presentar sus puntos de vista sin un castigo, debe existir un espíritu de tolerancia en toda la población".

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