Colón se topó con lo real

Mar, 13/10/2015 - 05:00

El imperio otomano tomó Constantinopla el 23 de mayo de 1453 y obstruyó la ruta de la seda que conectaba el comercio entre Asia y Europa.

La Europa cristiana se vio obligada a ensayar nuevos caminos para suplir la vieja ruta de 8 mil kilómetros que cubría desde la ciudad de Xi´an, en China, hasta lo que hoy es Estambul, Turquía.

La ruta de la seda en realidad eran dos: la marítima, desde el Mediterráneo hasta la India, y la terrestre, que prácticamente abrió Gengis Khan al invadir lo que hoy es Azerbaiján y que Marco Polo recorrió varias veces para llevar a Italia, además de seda y especias, fideos, pizza, danza y ópera.

Durante años, los portugueses intentaron llegar a India bordeando las costas de África. Mientras, Cristóbal Colón llevó su emprendimiento de alcanzar las costas de Oriente siguiendo el curso contrario ante varios reyes y no fue sino hasta el 17 de abril de 1492, que consiguió se firmaran Las Capitulaciones de Santa Fe.

El millón de maravedíes (moneda de la recién unificada España) que los soberanos de los reinos de Castilla y Aragón le proveyeron a Colón sirvieron para adquirir tres carabelas y llevar suficiente capital para la paga de la tripulación, abastecer la expedición y efectuar compras comerciales una vez que llegase a las costas de Asia. Y esa era la misión, pero Colón se topó con otra tierra que no era la India, y con gente que no eran indios, pero el error lingüístico perdura hasta nuestros días.

La mañana del 3 de agosto de 1492 en que Colón partió del Puerto de Palos hubo mucho tránsito de naves, pues en esos día salieron también incontables navíos que llevaban a judíos y árabes que se rehusaron a la conversión cristiana y que dejaron todo lo que habían atesorado en el Al-Andalus de la coexistencia. España se deshacía de su heredad semita y se abría, literalmente, a nuevos horizontes de un solo tajo.

Poco más de dos meses después, Colón habría de llegar a una pequeña isla en lo que hoy son Las Bahamas, y a pesar de que no encontró los grandes mercados de especias, géneros y piedras y metales preciosos, anotó en sus ‘Cuadernos de viaje': "Ellos andan todos desnudos como su madre los parió, y también las mujeres. Y el 30 de octubre de 1492, con un grupo de aborígenes a bordo de La Pinta, escribió: "Los indios que ivan en la caravela Pinta dixeron que detrás de aquel cabo avía un río y del río a Cuba avía cuatro jornadas (...) y qu'el rey de aquella tierra tenía guerra con el Gran Can, al cual ellos llamaban Cami".

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