‘El Chapo’, la pesadilla increíble

La recaptura del narcotraficante Joaquín Guzmán Loera, por mucho, es el objetivo más importante de Enrique Peña Nieto, quien sortea una racha adversa, iniciada con la tragedia de Iguala, que demerita, igualmente, su gobierno.

Pero atrapar y poner de nuevo tras las rejas al delincuente fugado del penal de alta seguridad del Altiplano, este sábado 11 de julio, a juicio del presidente Peña Nieto, puede realizarse sin necesidad de cancelar su visita de Estado a París.

Protestas sociales sin antecedente por la desaparición forzada de 43 estudiantes normalistas de Guerrero, ocurrida el 26 de septiembre pasado, tampoco impidieron que el mandatario cumpliera un viaje por Asia, en noviembre.

Como entonces, en esta ocasión se levantan voces que urgen su retorno al país, a enfrentar el desafío de una fuga que sea cual sea su resultado, modificará su programa de seguridad pública.

Peña Nieto asumió los costos de estar fuera del país en momentos críticos e instruyó al secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, para hacerse cargo del escenario de seguridad nacional burlada.

Este fin de semana, mientras Joaquín Guzmán Loera salía del penal por un túnel perforado con la ingeniería del poder corruptor del narcotráfico, también se empezó a escribir un capítulo clave de este sexenio, singular, porque un criminal ha desafiado a la fuerza del Estado.

Así, Enrique Peña Nieto está emplazado a vencer al prófugo que pudo corromper funcionarios, construir un túnel de grandes proporciones y huir apoyado con una logística precisa que sugiere capacidad operativa y el poder de fuego que cubrió su escape.

Eso muestra la esencia del poder del crimen organizado: el dinero. En manos de Peña Nieto está el triunfo o el fracaso suyo, desde luego, pero también de una sociedad ayer sorprendida por la negra noticia.

Sin dinero, Guzmán Loera sería una anécdota; con todo su poder económico es una amenaza a la seguridad nacional.

Golpear en ese ‘músculo’ del crimen, con todos sus nombres, apellidos y apodos, es el camino que debe seguir el presidente Enrique Peña Nieto, en la segunda mitad de su mandato. Es ahora o nunca...

 
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