El arte de la política en House of cards

Hay muchas cosas sagradas a las que les tengo respeto; las reglas no están entre ellas
Francis Underwood

Este viernes 14 de febrero inicia la segunda temporada de la serie de televisión que cambió las reglas del juego en el negocio de entretenimiento en Estados Unidos y en buena parte del mundo, incluido México. Netflix, empresa de distribución de contenidos bajo demanda por internet con más de 28 millones de suscriptores, apostó por una propuesta de primer nivel, capaz de competir con las grandes compañías de TV como HBO, ABC, CBS y Fox, por mencionar algunas, y lo logró al convertirse en la primera serie de televisión transmitida por internet en ganar un premio Emmy.

Se trata de una excelente adaptación de la novela homónima del escritor inglés Michael Dobbs que nos cuenta la historia del cinco veces congresista norteamericano y líder de la bancada de su partido, el demócrata Francis Underwood (interpretado por Kevin Spacey), quien conspira de manera fría junto con su esposa Claire (Robin Wright) contra quienes le traicionaron al cerrarle el paso al Departamento de Estado, cargo que le fue prometido durante la campaña electoral. Claire rompe con el estigma de la gran mujer detrás del gran hombre. Ella tiene su propio juego y ambiciones legítimas, es la contraparte que recibe recursos financieros de un importante cabildero para su fundación enfocada al ciudado y sustentabilidad del agua potable a cambio de los favores legislativos de su esposo. La mujer es una mezcla entre el talento de Hillary Clinton y la ambición de Marta Sahagún.

De a poco, Francis se repone de su derrota política inicial y va tumbando uno a uno a quienes se encuentran en su camino hacia el poder, la presidencia de Estados Unidos. Y Francis se vale de todos los medios a su alcance para lograr su objetivo. El protagonista se muestra como un cómplice ante el espectador, un guía en los tiempos de la comunicación horizontal y la interactividad de las redes sociales. Con frases cortas y contundentes, Francis mira directamente a la cámara y obliga al televidente a pensar, lo mete en la historia.

House of Cards es una serie obligada para todo aquel interesado en la política, especialmente quienes se encuentran en el ejercicio del poder y que para conectar con el electorado no logran ir más allá de frases populacheras como: "No hay que bajar la guardia"; "caiga quien caiga"; "todo el peso de la ley"; "estamos ocupados en tal o cual asunto". Y especialmente deben verla aquellos que se creen muy listos y que toman el camino fácil de la autopromoción con recursos públicos. Otro tema en el que tiene que reparar nuestra clase política es el dinero; que no es un fin, sino un medio, un recurso extremo para aceitar la praxis: "El final de un político llega cuando empieza a tener principios". Y sí, los ideales cuentan, pero al final son eso: un castillo de naipes que se derrumba con el más ligero soplido de poder y ambición. El ciudadano de a pie debería seguir esta serie para tener un acercamiento con la forma que tienen de operar los políticos que con una sonrisa y promesas vacías piden el voto en cada proceso electoral: "No es casualidad que la palabra ‘urna' se use en política y en las funerarias", espeta el socarrón Underwood en las narices del televidente. Si usted no tiene acceso a internet o al servicio de televisión bajo demanda de Netflix, puede conseguir la primera temporada en formato de DVD en cualquier tienda de discos y videos.

En el radar

Según la consultora Dataxis, Netflix concentra 70% del mercado mexicano, en el lejano segundo lugar se encuentra Clarovideo.

Periscopio

World Internet Project México estima que en nuestro país existen 59.2 millones de personas que se conectan a internet, lo que representa una penetración nacional de 52%. Y a decir de la IAB México, uno de cada cuatro son usuarios del servicio de Netflix.

Bitácora de lo absurdo

Mientras Morelos arde en llamas por la crisis de seguridad pública por las operaciones del crimen organizado en la entidad, el gobernador Graco Ramírez salió en defensa de Emilio Chuayffet por los ataques físicos que le propinó la CNTE hace unos días.

Seguimos el debate en Twitter: @LeoAgusto

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