Verdaderos adultos chiquitos

Vie, 12/07/2013 - 05:00

Que a los hijos hay que disfrutarlos porque se van pronto de la casa para hacer su vida no es precisamente lo que vive el 28% de las familias mexicanas con hijos mayores de edad, ya que muchos de ellos pasan de los 30 años y aún viven con sus padres.

El fenómeno de la inexistente independencia de los hijos que siguen, no sólo viviendo bajo el techo de sus padres, sino sostenidos económicamente de ellos teniendo el mismo trato y comodidades que disfrutaban en su edad escolar, va en aumento.

Según datos estadísticos de Consulta Mitofsky, el 45% de las personas entre 26 y 35 años aún viven con sus padres y sólo 11% de los adultos que permanecen en la casa paterna son responsables del hogar o los jefes de la familia, en otras palabras mantienen la casa y a sus padres.

De tal forma, el 40% de estos adultos continúa prácticamente becado, ya que son dependientes económicos de papá y mamá o de alguno de ellos.

El género que mayormente incide en esta conducta son los hombres; las estadísticas marcan que el 64% de los dependientes económicos que permanecen con sus padres son varones.

Mientras que en el caso de las mujeres sólo el 23% de ellas continúan en el hogar paterno, son menos las mujeres que dependen de sus padres que los varones.

¿Y para cuándo se van?

Pues el 61% de los mayores de edad que aún viven con sus padres no tienen idea de cuándo la dejaran para por fin independizarse, ya que no han contemplado a qué edad se irán.

Sólo 39% tiene una idea sobre la edad de abandonar el nido y lograr su independencia; los más jóvenes aseguran que les gustaría que fuera entre los 23 y 24 años, pero aquellos que pasan de los 25 años consideran que saldrán de esa zona de confort a partir de los 30 años.

¿Por qué se quedan?

Los expertos señalan varios factores, entre ellos, que los padres no enseñan a los hijos a tomar responsabilidades a edades tempranas, por lo que llegan a la adultez sin forma ni ganas de valerse por ellos mismos en muchos aspectos.

Otro factor es que la independencia del hogar materno no sólo implica ganarse la vida económicamente, sino saber hacerse responsable de sus conductas y de su persona, cosa que tampoco hacen o no les han enseñado a hacer, sobre todo a los varones que crecen sin aprender las tareas básicas domésticas como hacerse de comer, tener la ropa limpia o ver por las necesidades de otras personas.

Además, la ideología sobre el tema tiene mucho que ver, sólo el 27% de la población mexicana considera que la edad a la que un hijo debe partir de la casa de sus padres es entre los 18 y 21 años, pero casi el 60% opina que esta salida debe ser una decisión de la persona sin ningún tipo de presión.

De hecho, la población más escolarizada es la que considera salir de su casa más grande, argumentando el fin de la vida escolar, que ahora con maestrías o doctorados puede llegar a rebasar los 30 años.

Otros más también se quedan por comodidad y por postergar la vida de soltería a la que pueden acceder más fácilmente y en mejores condiciones si sus ingresos sólo son gastados en sus diversiones y no en rentas, comidas o servicios de limpieza domésticos.

También hay factores como el miedo al compromiso, que hace que muchas personas, dicen los expertos, no quieran abandonar la casa materna porque consideran que el paso siguiente sería la vida en pareja, a lo cual no están dispuestos.

 
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