Objeciones de la memoria
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Alto al desorden urbano

Mar, 11/07/2017 - 13:09

El gobierno de la Ciudad de México busca que sea aprobado con rapidez el Programa General de Desarrollo Urbano. La celeridad y desaseo en la consecución de esta tarea es sospechosa. Pareciera que el objetivo es obligar al próximo gobierno a darle continuidad a la dinámica impuesta en la materia durante este sexenio.

Sin embargo, un plan de este tipo no puede ser hecho y aprobado al vapor. Lo propuesto por el gobierno es parcial; no toma en cuenta factores tan importantes como el respeto a los derechos humanos en el contexto del desarrollo de la metrópoli, no establece criterios para salvaguardar el patrimonio cultural de la capital y no toma en cuenta las opiniones de la ciudadanía.

Por eso, este programa debe ser rechazado. A estas alturas del sexenio, lo ideal es que el plan de desarrollo urbano sea elaborado y aprobado durante la siguiente administración. Además se requiere que el plan de desarrollo vaya acorde con los principios establecidos en la recién aprobada Constitución de la Ciudad de México.

El Programa de Desarrollo Urbano es primordial pues en él deben establecerse los equilibrios necesarios para el progreso de la metrópoli. Se debe procurar que los intereses económicos estén en armonía con los derechos de los habitantes de la capital.

Por ejemplo, se deben establecer de forma clara los mecanismos para que además de la construcción de vivienda de interés alto y medio, en la ciudad se siga desarrollando vivienda de interés social, de manera que se asegure que todos los habitantes de la urbe capitalina tengan una vivienda digna.

De igual forma, además de los grandes proyectos comerciales debe asegurarse que existan proyectos comunitarios de gran alcance, así como proteger los espacios públicos necesarios para la reconstrucción del tejido social y asegurar la existencia de vida comunitaria. 

Asimismo, se debe cuidar el equilibrio ecológico, resguardar áreas verdes, particularmente las situadas al sur de la capital, zona más importante en recarga del acuífero y la producción de oxígeno. El plan propuesto no toma en cuenta todos estos factores, se busca mantener las cosas como hasta hoy. Sin embargo, el desorden imperante hasta hoy ha afectado a todas las clases sociales y se ha agudizado por la corrupción y la extorsión provocada por los ‘moches’, ‘diezmos’ y ‘mordidas’ que piden funcionarios de todos los niveles a las autoridades.

El próximo gobierno de la Ciudad de México tiene la tarea de encontrar un balance, de armonizar de forma virtuosa la economía pero también la viabilidad ecológica y la diversidad social. No se trata de estar contra el desarrollo, sino de estar a favor del equilibrio necesario para asegurar la viabilidad de la capital.

Para ello, es indispensable escuchar a todos, pero no sólo eso, también se deben incorporar las propuestas de todos. No se puede aspirar a un desarrollo democrático si el proyecto de ciudad se construye de forma unilateral y se aprueba sin consenso, sin tomar en cuenta la correlación de las fuerzas políticas y a las prisas por un gobierno que está ya en la recta final y que ha perdido ya la mayoría política.

En este contexto, se debe hacer caso a las voces que desde la sociedad civil piden que se frene el desorden y se cambie el rumbo de la política de desarrollo urbano. 

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