Jalcomulco, ejemplo de lucha

Mié, 11/06/2014 - 05:00

Jalcomulco es un municipio enclavado en la Cuenca Hidrológica del Río Los Pescados de la Antigua Veracruz. Sus pobladores viven de la pesca, la agricultura y el ecoturismo.

Quienes hemos tenido la fortuna de conocer ese lugar, cercano a Coatepec, sabemos de la exuberante vegetación y de la atracción que representa para el turismo de aventura navegar en los “rápidos” Sin embargo, hace apenas unos meses, Odebrecht, emporio brasileño con importante presencia en 22 países, con proyectos de energía, finanzas e infraestructura, pretendía con el aval del gobernador Duarte Ochoa y del Congreso del estado, iniciar los trabajos para construir una presa en el lugar. ¿Para qué la presa? Para proporcionar agua a la tramposamente llamada “minihidroeléctrica”. Modelo de hidroeléctrica promovido con desbordante entusiasmo, por el actual secretario de Medio Ambiente del gobierno federal, Juan José Guerra Abud, quien desde la legislatura anterior en el Congreso de la Unión, como diputado federal y líder de la bancada “verde” cabildeó su iniciativa, aprobada por las bancadas con espíritu privatizador.

En México sobra energía. Así lo señalan los informes oficiales tanto de Sener como de la CFE. Sin embargo, no toda la población cuenta con energía eléctrica, es verdad. Pero esto es resultado de la distribución, que omite llevar electricidad a poblados olvidados por la pobreza; “sale muy caro”, dicen los funcionarios.

¿Para qué quieren una hidroeléctrica, entonces? Nadie le cree al gobierno, “quieren la presa para llevarse el agua del río para el fracking y para los proyectos mineros”, dicen los más informados. Por eso, desde Jalcomulco, pueblo sagrado, el 14 de marzo marcharon 8 mil habitantes de siete municipios hasta Xalapa para decirle al gobernador, a la Conagua y a la Comisión Federal de Electricidad que den marcha atrás a su proyecto hidroeléctrico de muerte. Que no van a permitir que bajo engaños destruyan el hábitat.

Marcharon valientes y dignos, protestaron con globos, bailaron con botargas al ritmo del tambor y la trompeta en un “carnaval de vida, agua y alegría”. Odebrecht retiró su maquinaria, pero el plantón permanece al lado de la carretera; “hay que estar alertas”, dicen los pobladores. La amenaza es latente. El poder corrompe, divide, miente y reprime.

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