Pemex y la ronda cero

Vie, 11/04/2014 - 05:00

Seguramente ha escuchado, en el contexto de la reforma constitucional en materia energética y en medio del debate legislativo que derivará en sus leyes reglamentarias, el término ronda cero. ¿De qué se trata este asunto poco explicado e insuficientemente transparentado hasta ahora por la Secretaría de Energía (Sener) y Petróleos Mexicanos (Pemex)?

Le llaman ronda cero porque es la negociación previa a la primera, la ronda uno, que el capital privado nacional y extranjero tendrá con la Secretaría de Energía para determinar los campos de gas y petróleo que habrá de explotar mediante los contratos de producción y renta compartidos.

Pero en la ronda cero, que prácticamente ha concluido, sólo participó Pemex. De acuerdo con la reforma tenía que llevarse a cabo a más tardar a los 90 días de la publicación del decreto. En esa ronda cero, la Sener determinó cuáles son los campos petroleros y de gas que han quedado para la exclusiva explotación de la paraestatal.

Se trata, básicamente, del gigantesco campo marítimo en aguas someras de Cantarell, en la Sonda de Campeche, que aún produce unos 300 mil barriles diarios; el de Ku-Maloob-Zaap, a 80 kilómetros de Cantarell y del mismo tipo y riqueza, con una producción de 840 mil barriles diarios (uno de cada tres barriles que exportamos proviene de ese campo); y todos los de tierra como los de Tabasco y otros recientemente descubiertos.

Esto nos da ya una idea de los campos que se van a soltar a la iniciativa privada: áreas de Chicontepec, al norte de Veracruz; la zona de lutitas o esquisto o shale gas, en el norte del país (sobre todo en Coahuila), pero también en el norte veracruzano como la zona de Pánuco y Tamalín, donde no solamente hay gas sino también petróleo crudo; y los yacimientos de aguas profundas en el Golfo de México.

Contra las expectativas sugeridas por la profundidad de la reforma energética en términos de apertura, Pemex decidió reservarse segmentos tanto de Chicontepec como de la zona de lutitas y las aguas profundas.

El argumento que subyace en la decisión de abrir al capital privado la explotación petrolera es que, durante los últimos años, a pesar de las inversiones en exploración y explotación de Pemex, la producción ha caído. Cabe entonces la pregunta: ¿acaso las inversiones privadas garantizan que se encuentren nuevos y productivos campos? En esto la geología tiene la última palabra.

El gobierno le apuesta a las aguas profundas pero, sobre todo, a las lutitas y a la técnica de explotación del fracking o fractura mediante la inyección hidráulica. Desde 2010, Pemex ha perforado 20 pozos en busca del shale gas sin resultados tan espectaculares como los alcanzados en EU, que han transformado a ese país de importador a productor de hidrocarburos.

La inversión privada (probablemente en asociación con Pemex) insistirá en la explotación de esos campos. Con uno exitoso —aseguran— se acrecentaría la producción de manera notable y más o menos cercana, aunque jamás igual, la que se consiguió en las aguas someras de Cantarell, en Campeche, donde la riqueza equivalía a 30 pozos gigantes (y un pozo gigante cuenta con al menos 500 millones de barriles).

De manera que la gran esperanza de los promotores de la reforma es la zona de lutitas, sin que hasta ahora se haya calculado el costo ambiental que implicará el uso intensivo de agua, recurso que ya es escaso en diversas zonas del país.

Con eso se buscaría alcanzar el objetivo, en el corto plazo, de pasar de nuestra actual exportación de 2.5 millones de barriles diarios a 3 millones de barriles diarios. La pregunta sigue siendo: ¿es ese el camino?

El gobierno de Peña Nieto le ha apostado a aumentar producción y exportación mediante una notable captación de inversión privada que generaría empleo y detonaría el crecimiento económico.

Desde la academia se propone otro derrotero: entrar ya a una transformación que desarrolle fuentes alternativas de energía para no depender exclusivamente de la petrolera, continuar con ésta, incluso en asociación con el capital privado, pero disminuir paulatinamente la exportación, y refinar y darle un valor agregado a esos productos con inversiones que no sólo generarían empleos y detonarían el crecimiento económico, sino que impulsarían el desarrollo industrial del país.

Yo, francamente, me quedo con la propuesta de la academia.

 
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