Objeciones de la memoria
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Reflexiones después del #19S

Mar, 10/10/2017 - 12:49

La tragedia permitió ver el espíritu mexicano que a todos nos gusta: solidario, unitario, desprendido, trabajador, emotivo y sensible. Las calles cercanas a las zonas de derrumbe se convirtieron en un modelo envidiable de organización social.

El escenario es distinto al de 1985. Hace 32 años el sismo pegó principalmente a las clases populares. A quienes habitaban en vecindades o vivían en cuartos de azotea de colonias cercanas al Centro. Ahora, parte importante de los afectados por los colapsos son familias de clases medias que con mucho esfuerzo se hicieron de un departamento.

Además de la zona central, también se vio afectada la periferia de la Ciudad de México, donde hay miles de afectados por las grietas que abrió el sismo. Estas familias de Iztapalapa, Tláhuac, Xochimilco, Magdalena Contreras y Gustavo A. Madero necesitan el apoyo de gobierno. Sin embargo, no son tan visibles como los damnificados de la zona centro.

La buena herencia del movimiento de reconstrucción de la ciudad de 1985 es notable. Ningún edificio de renovación colapsó. Tampoco las construcciones realizadas por el Instituto de Vivienda. Aunque de arquitectura austera, es evidente la calidad con la que se edificaron.

Hoy, como hace 32 años, fueron las costureras. Una desgracia a menor escala, pero no por eso menos significativa. “Nuestros cuerpos no son desechos”, gritaban las mujeres en torno a la demolición de la fábrica de la colonia Obrera. Las desigualdades se hacen más evidentes en las tragedias. Son más las mujeres muertas.

La sociedad reconoció una nueva forma de heroísmo. Los perros rescatistas eran recibidos con aplausos en los derrumbes. En Facebook circula un meme que reza: “para los que dicen que rescatar perros es una pérdida de tiempo, hoy los perros rescatan humanos”. Frida se convierte en estrella y abre la esperanza de que la sociedad chilanga avance en mejorar el trato hacia los animales.

Mientras la ciudadanía da un ejemplo de solidaridad y grandeza, los políticos del régimen se muestran tal cual: los partidos del Frente Ciudadano ven en la relevancia mediática del Colegio Rébsamen la oportunidad de sacar provecho. La organización Parlamento Ciudadano, que se presume “ciudadana”, denuncia a la delegada de Tlalpan, Claudia Sheinbaum, por supuesta responsabilidad en el derrumbe de la escuela. Al paso del tiempo, la información fluye por redes sociales. La página de la supuesta organización ciudadana fue registrada desde el Senado de la República. Sus integrantes son miembros de PAN y PRD. El interés político es evidente.

El apoyo a los damnificados fluye lento. Se habilitan distintas sedes para entregar apoyo económico para el pago de renta. La operación se complica. Los damnificados cierran calles. El gobierno replantea la estrategia y dice que la entrega de apoyos será domiciliaria. Horas después, se hace público que los beneficiarios de la entrega de estos recursos ni siquiera son damnificados. Pero más parece un pretexto para cortar la ayuda a los damnificados. Lo cierto es que el gobierno no tiene el control del proceso, ni siquiera sabe quiénes son los damnificados, dónde viven o vivían, ni cuál es su situación.

El proceso social sigue y los damnificados se organizan para conquistar una reconstrucción incluyente. La reconstrucción es posible. Sí hay recursos públicos para realizarla. 

 

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