Una historia de violencia

Mié, 09/12/2015 - 04:00

Comenzó como un simple problema entre vecinos, pero evolucionó de tal forma que ahora Laura, su hermano, cuñada y sobrinita temen por sus vidas. Y ninguna autoridad -ni la Procuraduría capitalina, ni la Secretaría de Seguridad Pública, ni la delegación Azcapotzalco- se han hecho responsables.

Laura tiene 20 años viviendo en la unidad habitacional Miguel Lerdo de Tejada, en Azcapotzalco. Asegura que nunca tuvo problemas con nadie, hasta el año pasado. En aquella ocasión, unos jóvenes que jugaban ‘cascarita' volaron el balón, que llegó hasta el tercer piso, rompiendo una de las ventanas del departamento de Laura. No era la primera vez que lanzaban un balonazo inusualmente alto, por lo que la mujer reclamó. Las cosas escalaron hasta que de plano Laura interpuso una demanda para que los papás de los jóvenes pagaran el vidrio roto.

Esto disgustó a varios vecinos. El hecho de que ingresara la policía a la unidad incomodó a más de uno, en particular al padre de uno de los jóvenes del balonazo. Desde entonces, la familia Cuéllar se vio hostilizada por algunos vecinos; los niños y jóvenes de la unidad continuaron dirigiendo su balón a la ventana del tercer piso, ahora con sevicia.

Para abril de 2015, unos adolescentes rompieron otra vez el vidrio. Laura llamó a la policía de nuevo y el asunto terminó en los tribunales para menores de edad. Entonces, varios vecinos emprendieron una verdadera campaña de hostigamiento y terror.

De nuevo, el padre del joven del primer evento se dio a la tarea de hostigar a la familia. Laura relata que la amenazó de muerte. Es tal la presión, que siente miedo de salir de su casa. Cuando sale le gritan insultos, avientan basura a su ventana, algunos han hecho la finta de golpear a su hermano. No se atreve a salir o llegar de noche a casa, porque no sabe a quién se puede encontrar. Y teme en particular por su sobrinita de tres años.

La mujer ha acudido a todas las instancias: tribunales de conciliación, MP, SSP, derechos humanos, Procuraduría Social. En todas, asegura, los servidores públicos han tomado el caso a la ligera. Un pleito entre vecinos, han de pensar. ¿Cómo es posible que alguien amenace, hostigue y agreda a sus vecinos con total impunidad, sin que una sola autoridad lo impida? ¿Tiene que llegar a las lesiones o el homicidio para que los funcionarios intervengan?, cuestiona Laura.

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