Camino al despojo

Lun, 09/12/2013 - 05:00

Finalmente el PAN dobló a Enrique Peña Nieto al agregar a su iniciativa de reforma energética, de por sí privatizadora, la posibilidad de pagar con petróleo crudo a contratistas privados nacionales y extranjeros, que ahora podrán incorporar a sus activos las reservas correspondientes, lo que en los hechos significa una transferencia de la propiedad.

Acción Nacional encareció su voto en el Congreso y el Ejecutivo se lo pagó. Pudo más, acaso por convicción, pero sin duda por la fuerte presión, satisfacer los compromisos adquiridos con el gran capital nacional y extranjero. De manera que a su proposición original de contratos de utilidad compartida, ahora se suma la de los contratos de producción compartida.

El proyecto de dictamen de la reforma energética (con propuestas de cambio y adiciones a los artículos 25, 27 y 28 constitucionales), y cuya discusión en el Senado empezó ayer, es cuidadoso de reiterar que el dominio de la nación sobre petróleo y electricidad es inalienable e imprescriptible. Pero incorpora, ya desde el texto constitucional, la posibilidad de contratar particulares en actividades de exploración y extracción de hidrocarburos, en los términos que marque la ley reglamentaria del artículo 27.

En vía de mientras (y como dijera el gran Cantinflas: ahí está el detalle), el transitorio cuarto del dictamen dice que “las modalidades de contratación podrán ser de servicios, de utilidad o producción compartida o de licencia”.

Los considerandos del dictamen recuerdan que la actual ley reglamentaria solamente permite contratos de obras y de prestación de servicios, con remuneraciones en efectivo que nunca concederán propiedad sobre los hidrocarburos, con la prohibición expresa de otorgar contratos de producción compartida.

El proyecto de dictamen incorpora, por supuesto, los contratos de utilidad compartida propuestos por Peña, en los que —asegura— la propiedad de los hidrocarburos es del Estado que se compromete a pagar como retribución un porcentaje del dinero obtenido por el petróleo producido. Este tipo de contratación, aunque abre totalmente exploración y explotación a los privados, por lo menos no compromete la propiedad del recurso aunque permite a las empresas participantes registrar contablemente el derecho económico derivado del proyecto de extracción de hidrocarburos.

El proyecto de dictamen también incorpora los contratos de producción compartida y las licencias que, en los hechos, son verdaderas concesiones (supuestamente prohibidas en el texto constitucional). Éstos son una proposición del PAN y en ellos se establece que la retribución será un porcentaje de la producción de crudo, petróleo que, a su vez, podrán exportar los particulares. En estos contratos las empresas pueden registrar las reservas petroleras como activos para efectos contables. Y nótese el siguiente párrafo de los considerandos: “También (se) contempla la posibilidad de celebrar contratos en los que el Estado pagaría como contraprestación a sus empresas productivas o a los particulares, la transmisión onerosa de la propiedad de los hidrocarburos, una vez que hayan sido extraídos del subsuelo”.

Otro transitorio, el tercero, plantea abrir un periodo específico para que Pemex y la CFE se conviertan en empresas productivas del Estado. Eso, entre otras cosas, implicará el retiro de subsidios, planteamiento que ya se procesa en el propio Senado. Lo que se viene, entonces, son aumentos en la luz y la gasolina. Dicen que a la larga sus precios bajarán con la privatización. Francamente no lo creo. Eso mismo se nos dijo con Telmex, empresa que hoy tiene las tarifas más caras del mercado; y con la extranjerización de los bancos, cuyas comisiones son elevadísimas y sus servicios pésimos.

Muchos años se ha discutido qué será lo más conveniente sin que se convenza, bien a bien, que sea el camino privatizador. Algunos dirán: “Que sea lo que más dinero deje al país”, pero soslayan que se trata de un recurso que se va a agotar y olvidan, o prefieren ignorar, una historia en que la nación y sus riquezas han sido objeto de despojo por parte de empresas como a las que ahora se entregará la riqueza petrolera.

¿Por qué nos trampean? Si se ve como pato, hace ruidos de pato y camina como pato, pues entonces es pato. Y en esto del petróleo y la luz, sí se ve como privatización, hace ruidos de privatización y camina como privatización, pues entonces es privatización. ¿Por qué nos engañan? No permitamos el despojo de las riquezas de la nación.

EDICIÓN

CDMX

20/09/2018

 

DESCARGA EL PDF
EDICIÓN

TOLUCA

20/09/2018

 

DESCARGA EL PDF
EDICIÓN

QUERÉTARO

20/09/2018

 

DESCARGA EL PDF
EDICIÓN

MORELOS

20/09/2018

 

DESCARGA EL PDF

CONVERSACIONES EN FACEBOOK

LO MÁS COMPARTIDO EN VOCES