La canasta de don Memo

Vie, 09/10/2015 - 05:00

Los clásicos de la ciudad, los tacos de canasta, son imperdibles.

Bañaditos en un jugoso saborizante de guisados combinados, la papa, el frijol y el chicharrón, destacan por su versátil sazón. Y aquí puedes atascarte con los de don Memo, una canasta con 46 años de tradición.

A un año de que los años 60 se convirtieran en 70, Ignacio Macías llegó a la Ciudad de México. Tenía apenas 17 años y vino de Jalisco con la misma intención que tienen todos los que vienen a esta ciudad: “salir adelante”. 

Aquí buscó a sus primos, dueños de un negocio de tacos de canasta que se ubicaban sobre Venustiano Carranza. Estaban en el número 31, lo recuerda bien Ignacio o “Panchito”, sobrenombre que desde chiquito lleva acompañándolo. 

Aprendió a cocinarlos, a calentarlos y a transportarlos. Y luego de varios cambios de lugar, se estableció en la esquina entre Villalongin y Río Neva. Una casa de mezcladas tonalidades rojizas con marrón, con una tiendita de antaño en su interior. La misma casa donde hoy, ‘Panchito’ lleva 46 años vendiendo sus aceitados tacos. 

Los tacos llevan el mismo nombre con el que sus primos empezaron el negocio, “Don Memo”, y es que es la forma de ‘Panchito’ de seguir con la tradición. Dice que un amigo le prestó el local para situarse y vender sus doblados colmados de guisados. Entonces, él despacha y su amigo ofrece bebidas para acompañar. 

El ámbito de la casa es diminuto, casi diseñado para una sola persona, es por eso que aquí se come parado. Y aunque su ingrato inconveniente no deja ni una banquita para reposar, esto no es impedimento para la exagerada cantidad de personas que llegan en busca de su canasta.

A las cinco de la mañana, las cazuelas repletas de papa, frijol, mole verde, adobo y chicharrón, se humean entre perfumados y atractivos olores dentro de una casa cercana al mercado de Jamaica. 

A las nueve están listos para degustar. Ahí, en la tiendita, este hombre de cabello canoso y lentes de pasta, llega con su humilde camioneta blanca, baja su canasta cubierta con papel estraza, la acomoda, y a despachar sus tacos sudados de dadivosa proporción. 

El de frijol es suavecito, para paladares que gustan de un cálido y manso sabor. Se lleva bien con la salsa mexicana que cuelga de una de las tres cubetas de acero situadas frente a su canasta. Una salsa que se ostenta de los colores patrios en compañía de la cebolla, el jitomate y unas cuantas tajadas de chile.

El de papa es de plácido sazón. Y es que por su textura, absorbe gran parte del sabor de los demás guisados. 

Pero el taco estrella es el de chicharrón. Cocinado y frito con cebolla, chiles cuaresmeños, papa y salsa roja, su taco tiene un picante sabor que hace salivar tu lengua desde la primera mordida. 

Pero lo que realmente vale la pena del taco de chicharrón, son los cuadritos de carnita en su interior.

 
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