Vigilar las hectáreas del Aeropuerto

Mié, 09/09/2015 - 05:00

Pero, y pese a las declaraciones de buena voluntad que las autoridades capitalinas han hecho al respecto, si los vecinos de las colonias aledañas, los miembros de la sociedad civil organizada, los estudiantes y los ciudadanos de a pie no se involucran, es muy poco probable que ese espacio logre realmente beneficiar al oriente de la ciudad, la región más marginada y agobiada del Distrito Federal.

A la hora de medir la calidad de vida que hay en las diferentes colonias, barrios, los expertos contemplan varios indicadores. Uno de ellos, por ejemplo, puede ser el acceso a los productos culturales y de entretenimiento: llámese cines, teatros, lugares para bailar, museos, galerías.

Hasta mediados de los noventa del siglo pasado, el oriente del DF no contaba con un cine, menos un teatro o galería. En la actualidad, ya hay salas, pero esto ha sido a través de la iniciativa privada; todavía no existe otro tipo de oferta (la cual sí hay en el sur y centro de la ciudad), como cineclubs (que vuelven más accesibles películas que, por lo general, no entran en los circuitos comerciales, además de que son más baratos), salas de teatro o danza. Y si las hay, se trata de ofertas marginales.

Otro indicador es el acceso a áreas verdes. La disponibilidad de jardines, parques, influye directamente en los niveles de salud mental y física de una comunidad. De nuevo, en el DF, toda la oferta se concentra en el sur y poniente de la ciudad. El oriente es el lugar más gris.

Estos pocos aspectos -acceso a entretenimiento, cultura y áreas verdes- cambian de forma radical la dinámica de una comunidad. Alientan barrios con un tejido social fuerte, desarrollo saludable de niños y jóvenes. Pero el oriente ha sido históricamente excluido y marginado.

El GDF anunció el Foro Internacional "La Gran Transformación Urbana. Aeropuerto y Ciudad", el 22 y 23 de septiembre próximos, en el Museo Rufino Tamayo, en el que se discutirá el futuro de esas 710 hectáreas. Pero el GDF también ha abierto la puerta a la iniciativa privada. Ese terreno vale mucho dinero, mucho capital. Y sólo una comunidad organizada y con sus prioridades claras podrá presionar para ser un verdadero factor de cambio.

 
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